La suerte

 La suerte está echada… y normalmente cae del lado equivocado

(Minicrónica mayamera)

 

Está claro que mi grupo de amigos contemporáneos, todos septuagenarios, en general sufre, y me incluyo, de los típicos achaques de nuestra edad, diabetes, hipertensión, columna, gordura, apnea del sueño y etc. No incluyo la “cognición” porque, modestia aparte, en ese aspecto estamos relativamente bien. 

 

En mi última minicrónica expresé mi preocupación por el posible “delirio” de algunos, después de una discusión acalorada sobre maldiciones, milagros y el mal de ojo. ¡Porque algunos de ellos creen fervientemente en eso! Después de una argumentación que me llevó hasta el “Génesis” de la Biblia, concluí que no había evidencias de ninguna “demencia”. Son sus creencias heredadas de tradiciones milenarias. Y hay que respetarlas. Nada más.

 

Desde entonces no han ocurrido grandes novedades, aunque las reuniones de los miércoles en el botiquín de siempre, a veces se convierten en algún tipo de acontecimiento. ¡En esta última se les dio por comprar lotería! Sí, lotería …

 

Y es que pareciera que, a los septuagenarios, la buena suerte por fin nos puede visitar después de ignorarnos toda la vida. Así que uno de los miembros más proactivos de nuestro grupo propuso hacer una vaca para comprar uno o varios billetes de lotería. Si ganábamos lo repartiríamos entre todos, incluso entre los que no participaran. Típico en estos casos. Cinco dólares por cabeza. Éramos diez ese día. El entusiasmo fue inmediato. 

 

El más sabio del grupo dijo que no entraba y aseguró que él sería el único en ganar, por haberse ahorrado los cinco dólares que los demás íbamos a perder. Esa misma tarde, el proponente compró los billetes en un local cercano y regresó al botiquín enarbolándolos con alegría, convencido de que seríamos ricos. Por cierto, su esposa, enterada por una llamada telefónica, también compró, para alcanzar la cifra cabalística de diez participantes. El cinco nos protege contra el mal de ojo y su múltiplo, el diez, “atrae la abundancia”.  ¡Importantísimo! 

 

Para dejar constancia de la operación se colgó en el chat “whisky@5.00” la foto de los billetes de lotería, como si fuera un acta notariada del botiquín. Algunos de los que no estaban presentes ese día protestaron por esa vía, “inclúyanme en ese pote”, ¿“a quién le hago el Zelle” ?, “no me dejen fuera la próxima vez”. ¡Qué tal!

 

La lotería es una forma tangible de suerte, que se puede comprar. Ofrece una ilusión de futuro.  A esta edad es apostar por la posibilidad de nuevas aventuras, de no rendirse. Aún sabiendo que la posibilidad de ganar es mínima, compramos el boleto a ver si, para los creyentes del grupo, opera el “milagro” y ganamos. Yo, por mi parte, solo espero que cuando perdamos, esos mismos creyentes no digan que fue por culpa de algún “mal de ojo” … porque ahí el “Génesis” no aplica.

 

El viernes, día del sorteo, el proponente buscó los resultados y los colgó en el chat “whisky @5.00”. Perdimos el Jackpot. El sabio escribió, “yo gané 5”. Otro propuso consultar, para la próxima, a nuestro miembro numerólogo y experto en juegos de azar. Su recomendación fue esclarecedora, “pídanle los números al ChatGPT”. También dijo “hay que comprar los juegos de raspar que menos premios hayan distribuido para la fecha”, “esos son los que tienen más chance”. 

 

Imagínense a 10 septuagenarios sentados alrededor de una mesa redonda en el botiquín, un miércoles por la tarde, raspando boletos de lotería. ¡Fin de mundo!

 

La semana que viene se celebra en este país el “Día de acción de gracias”, y ese día deberíamos agradecer la suerte de llegar a esta edad, en buena salud, con cognición adecuada y con los dientes casi completos. Pero si opera el “milagro” y caen algunos millones, no estarán demás…

 

Ah, y el que compre el boleto ganador que no se olvide en donde lo guardó …

 

 

Alberto Salinas, Escribano

En Miami, 19 de noviembre del 2025

 


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