Dos fotos, dos reyes …

  Dos fotos, dos reyes…


Sancho I “el Craso”, por su exagerada gordura. 
No es un un cuadro histórico verdadero, porque no existen imágenes reales de Sancho. Se trata de una recreación digital generada por la inteligencia artificial, inspirada en retratos de reyes europeos de los siglos XVI al XVIII. 

Es una imagen de medio cuerpo que ocupa mucho espacio, una figura que no parece poder “moverse” dentro del encuadre. El rostro es redondeado, lleva solo un bigote espeso, que resalta el resto de la cara. Los ojos son relativamente pequeños, las mejillas abultadas, la piel lisa y enrojecida ¿por calor? ¿por exceso?. La mano, con sus dedos gordos, luce irreverente, no hace nada, solo le sirve para comer.

Viste ropas gruesas de terciopelo y telas acolchadas, en colores neutros y dorados apagados para demostrar opulencia, y que, además, lo hacen parecer aún más “craso”, más voluminoso. Lleva sobre el pecho una banda con medallones y piedras oscuras que luce “pesada” y, por supuesto, su corona, también pesada, que parece sostenerse muy bien en su cabeza. Pero hay un problema obvio, ese cuerpo lo hizo perder el trono…

 

Felipe VI, “el Preparao”, por su extensa formación académica y militar.
La fotografía es real. Se trata de un retrato oficial tomado por Annie Leibovitz, colgado en el Banco de España, en Madrid como parte de una colección institucional.

La imagen es de cuerpo entero. Felipe luce alto, proporcionado, esbelto y ligero. Su cuerpo no ocupa todo el espacio, un salón de estilo rococó, se sitúa en el centro y dialoga con él. El rostro es alargado, con una barba sobria y bien cuidada. La expresión es seria y neutral. 

Viste un uniforme militar de gala, rígido, que no pone en evidencia ningún exceso corporal. Se ve discreto a pesar de su formalidad. Sus manos lucen fuertes y disciplinadas, entrenadas para el protocolo y con disposición a actuar. Lleva una banda ligera, un collar con una medalla principal y otras cinco más pequeñas, que simbolizan su jerarquía. La corona no es necesaria. No se percibe ningún problema inminente…

Paradojas

Cuando el hambre era estructural, la delgadez significaba precariedad y la gordura, privilegio. 
En la era de la obesidad epidémica y la delgadez costosa, el signo corporal se invierte.

El rey medieval necesitaba una corona para gobernar de forma absoluta.
El rey contemporáneo gobierna simbólicamente a pesar de tenerla.

Sancho gobernaba y perdió el trono, y para recuperarlo tuvo que ser débil y someterse al califa.
En tiempos modernos, Felipe reina, pero no gobierna. Su fuerza reside en la neutralidad política.

“Al final, el poder ya no pesa, se administra” 


Alberto Salinas,
Escritor y Cirujano retirado
Miami, 1o de febrero del 2026

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