Operarse el ego… la edad del retiro

 Operarse el ego, la cirugía más difícil para un cirujano …


“Si queréis los mayores elogios, moríos” … Enrique Jardiel Poncela (inscrito en su epitafio)

Los grandes elogios suelen llegar cuando ya no somos competencia para nadie. Pero ojo, no es que los cirujanos se vuelvan legendarios al morir. No, a lo sumo reciben un bonito obituario o algún reconocimiento institucional y luego la gente se olvida de ellos. La ciencia, y la medicina con ella, sigue su curso y es muy poco sentimental.

Es preferible ganarse el respeto en vida. En el quirófano el cirujano es la autoridad técnica, decide, actúa y responde por los resultados. Cuando son buenos, traen reconocimiento de pacientes y colegas, un reconocimiento que muchos quisiéramos conservar hasta el final. 

Y tampoco hace falta morirse para salir de la competencia. La cirugía más difícil para un cirujano es operarse el ego, renunciar al protagonismo y decidir retirarse. ¡Y es mejor retirarse antes de que te retiren! Cuando uno lo hace, ocurre algo curioso, los críticos acérrimos, médicos y no médicos, se vuelven repentinamente más amables, incluso halagadores, y mucho más respetuosos de lo que solían ser durante nuestra vida profesional.

Por lo menos, así lo sentí yo …

Una consulta inesperada 

Recientemente recibí un mensaje desde un país “próspero” latinoamericano, de una antigua pupila que trabaja como perito forense en una demanda médico legal. Me pedía mi opinión y me mandó un resumen del caso, con tomografías y demás. Le respondí que estaba retirado y que mi opinión ya no era autorizada. 

Entonces me tocó el ego y me dijo, “¿y toda esa experiencia te la vas a llevar a la tumba?” 

Y acepté.

El caso

Se trata de una paciente de 59 años con un dolor intenso en la parte superior derecha del abdomen operada primero en el 2016 cuando le sacaron la vesícula biliar. El dolor reapareció y tras estudios de imagen, le diagnosticaron una hernia diafragmática derecha, un defecto en el diafragma, usualmente congénito, que permitía el desplazamiento de vísceras (el colon) hacia el tórax del mismo lado. La reoperaron por vía abdominal en el 2018 y le cerraron los bordes del defecto con puntos de sutura.

La hernia se reprodujo, el dolor reapareció acompañado de dificultad respiratoria y, en el año 2023 la operaron nuevamente. El diafragma es un músculo que constituye el piso del tórax y al mismo tiempo es el techo del abdomen, por lo que puede abordarse desde ambos lados. Esta vez lo hicieron por el tórax. Encontraron un defecto muy grande y le colocaron tres mallas de tejido sintético, una sobre otra, justo por encima del lado derecho del hígado. 

Durante las primeras veinticuatro horas del postoperatorio desarrolló una insuficiencia hepática y renal severa. Los estudios radiológicos evidenciaron una obstrucción total de la vena suprahepática derecha que drena el flujo sanguíneo de la mayor parte del hígado a la circulación general a través de la vena cava, que también estaba parcialmente obstruida. 

La conclusión evidente fue que, al fijar las mallas con suturas, accidentalmente se había incluido en una de ellas, la pared de la vena cava inferior y el tronco de la vena suprahepática derecha.

El cirujano tenía dos opciones, reoperar para liberar parcialmente la malla y mejorar la circulación comprometida, o esperar a que la paciente se recuperara con un sostén estrictamente médico.

Decidió esperar …

Después de un tormentoso postoperario de varias semanas en terapia intensiva, la paciente logró sobrevivir y fue dada de alta al tercer mes de la cirugía. El dolor original empeoró y la dificultad respiratoria continuó. En una tomografía de tórax reciente, de este año, no se evidenció la hernia diafragmática, pero en su lugar se demostró una severa reacción inflamatoria contra las tres mallas (una habría sido suficiente), con un derrame de líquido pleural persistente.

La señora interpuso una demanda contra el cirujano de su última intervención por haberla sometido a un riesgo de muerte innecesario por presunta negligencia médica, además de quedar incapacitada después de la cirugía.

Después de empaparme de los detalles de la operación hice la pregunta mágica:

 ¿Qué edad tenía el cirujano?

 Setenta y siete años …

¿Y eso es pertinente?

Sí.

El mejor de los cirujanos puede tener un accidente como ese. No existe un cirujano que nunca haya colocado un punto de sutura donde no debía. Si hay alguno por ahí, que me lo diga.

En la decisión de no reintervenir a la paciente ¿influyó la fatiga o un exceso de prudencia? Reoperar a un paciente electivo significa reconocer que algo salió mal y eso golpea el ego del cirujano y muchas veces se resisten a eso. Lo presencié en alguna ocasión. 

También reintervenirlo en condiciones críticas es poder “perderlo”. Eso conlleva mayor desgaste emocional, coronarias incluidas, sobre todo a esa edad, y una posible demanda médico legal con el daño que implica a una reputación construida durante décadas.

La edad del retiro 


La cirugía exige precisión, reflejos, resistencia y buen juicio. Todo eso cambia con los años. 


¿Manejamos un carro a los setenta años igual que a los cuarenta? ¿El dominio de la tecnología digital de los “baby boomers” es el mismo que el de la “generación X” o el de algún “millennial”?

En un estudio publicado en el American Journal of Surgery en 2025 se analizaron 2,3 millones de intervenciones quirúrgicas realizadas por 72 mil cirujanos en Estados Unidos, Canadá y Australia. La incidencia de complicaciones fue mayor entre cirujanos muy jóvenes y entre los mayores de 70 años, y fue mínima en los de mediana edad. 

En otro metaanálisis publicado en Nature en 2022, que incluyó 1,66 millones de pacientes sometidos a 29 tipos distintos de cirugía, se demostró que los cirujanos de entre 60 y 65 años tenían una mortalidad postoperatoria significativamente mayor que los cirujanos de mediana edad. Los cirujanos con alto volumen quirúrgico mantuvieron resultados consistentes hasta los 70 años, mientras que los de bajo volumen mostraron un deterioro a partir de los 55 años (como en la aviación, hacen falta “horas de vuelo” para mantenerse en forma).

Los pilotos de aviación comercial, los controladores aéreos, los bomberos, los policías, los militares y los jueces, salvo los federales, tienen una edad de jubilación obligatoria establecida por la ley en casi todo el mundo. Los médicos no. 

Por eso, la decisión de retirarse a tiempo es estrictamente personal y también una forma de cuidar a los pacientes, de cuidarse a uno mismo y de preservar el legado personal. Yo lo hice a los 68 años de edad.

En Estados Unidos, la edad promedio de retiro de los cirujanos oscila entre 62 y 65 años, y cerca del 70 % se ha retirado antes de los 70. Alrededor del 65 % lo hace por dificultades para mantenerse al día con los avances tecnológicos, por deterioro físico y por desgaste emocional. El resto se retira para dedicarse a sus familias o a otras actividades más placenteras. Quienes continúan activos suelen hacerlo practicando cirugías mínimamente invasivas de bajo riesgo, en labores docentes o administrativas. 

Algunos se mantienen en el ejercicio por falta de recursos económicos, por necesidades de servicio en ciertos países o, “in extremis”, como voluntarios en conflictos bélicos. Estuve cerca de esa posibilidad…

Los que permanecen activos después de los 70 porque creen ser los únicos capaces de practicar eficazmente un determinado procedimiento quirúrgico se equivocan. Todo tratamiento médico o quirúrgico, para ser realmente eficaz, debe ser reproducible y enseñable. Nadie debería hacerse con el dominio exclusivo del conocimiento. Y si un cirujano no transmitió sus “secretos” a sus discípulos, entonces incumplió el juramento de Hipócrates, o el de Maimónides, si fuera el caso. Nadie es imprescindible.

Y a los que siguen operando porque “están perfectos” y no tienen otra cosa que hacer les diría, con mucho respeto, que la cirugía no es un hobby ni un pasatiempo. Todos sabemos que tiene sus riesgos. La experiencia no sustituye la energía necesaria, ni la agilidad ni el juicio rápido cuando la edad empieza a afectar. 

Algunos centros como el Yale New Haven Hospital requieren exámenes neurocognitivos y oftalmológicos a sus médicos mayores de 70 años para que puedan continuar ejerciendo dentro de la institución. El American College of Surgeons, aunque no apoya el retiro obligatorio, recomienda que los cirujanos entre 65 y 70 años se sometan voluntariamente a evaluaciones similares.

Audacia vs prudencia 

Un buen cirujano debe saber cómo operar, pero también cuándo operar y hasta dónde operar.

Reintervenir a un paciente con una infección o ser más radical en la resección de un tumor maligno puede ser crucial para su supervivencia. Durante la juventud, el error siempre es una posibilidad lejana y por eso los cirujanos jóvenes arriesgan más. Pero esa audacia también puede ser traumática y, en el peor de los casos, costarle la vida al enfermo. 

Al paciente grave a veces le conviene la audacia, porque cuando el pronóstico ya es malo, el riesgo de no hacer nada puede ser mayor que el de intervenir. En esos casos la cirugía se convierte en un rescate y la prudencia excesiva en la causa de muerte.

Con los años el entusiasmo cede terreno ante la prudencia. La experiencia de haber tenido complicaciones, a veces inesperadas, y de saber que incluso haciendo lo correcto todo puede terminar mal, nos hace cambiar nuestra manera de pensar. Y aprovecho para confesar que hice muchas cosas audaces al principio de mi carrera que no me habría atrevido a hacer en edades más avanzadas.

El cirujano joven tiende a inclinarse hacia la audacia y el cirujano mayor hacia la prudencia. Pero ¿cuándo se tiene la razón? Cuando el cirujano ya ha visto suficiente para temerle a la cirugía y todavía conserva los reflejos, la energía y la destreza para practicarla. Ese punto de equilibrio suele darse entre los cuarenta y los cincuenta y “tantos” años de edad.

¿Y el caso?

Está en pleno desarrollo. El juez espera todas las pruebas y argumentos para tomar una decisión. Como dicen los leguleyos, una cosa es la verdad verdadera y otra la verdad procesal. Al final la paciente sobrevivió y el cirujano no violó ninguna norma. Igual “I made my case”. 

Tampoco creo que nadie deba ir preso cuando se comete un error intentando ayudar a alguien. A fin de cuentas, todos somos humanos. El cirujano, que sigue activo pisando los 80 años, sí sería moralmente cuestionable si ignora signos de deterioro físico o cognitivo, o si evita evaluaciones de competencia. 

Mi pupila con su ímpetu que la caracteriza me preguntó qué se puede hacer para ayudar a la paciente. Y como yo ya solo “opero ideas”, le dije “la experiencia te enseñará que habrá pacientes que no podemos curar” …

Finalmente 

Confieso que difícilmente me operaría con un cirujano mayor de setenta años, a menos que no tuviera alternativa. En cambio, mi médico de cabecera tiene setenta y seis y es buenísimo. Los internistas no practican procedimientos invasivos, su ejercicio se basa en juicios clínicos y la experiencia. 

Y los mayores de ochenta, médicos y cirujanos, me producen la misma sensación que ver a un octogenario con un uniforme de campaña militar, respeto por su trayectoria, pero dudas sobre su misión.

Tal vez a algunos de mis amigos y colegas no les guste lo que he escrito, pero una ventaja de llegar a esta edad es poder decir lo que uno piensa con libertad… Spinoza dixit

“Una retirada a tiempo es una victoria” … Proverbio militar

Retirarse a tiempo no es retirarse de la vida, es retirarse de la competencia sin perder la dignidad. Nos abre la posibilidad de dedicarnos a la familia, a viajar o a hobbies que antes eran imposibles. Nos mejora nuestra calidad y expectativa de vida. Se puede enseñar, investigar o escribir. Nos da la libertad de reinventarnos. También significa salir por decisión propia y no obligado por eventos sobrevenidos. 

Por eso firmo mis escritos como lo hago …


Alberto Salinas 
Escritor y Cirujano en libre retiro 
Miami, 7 de abril del 2026

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