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El fantasma de 1898

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El fantasma de 1898 vuelve a rondar por Cuba   La historia de Cuba es muy conocida de Fidel para acá. Pero la previa no tanto.   Mi padre migró desde Turquía a La Habana, a los catorce años, en 1927 y mi madre con veinte años, desde Ucrania, huyendo de Europa en vísperas de guerra, en 1939. Por cierto, ella arribó al puerto de La Habana en el barco previo al St. Louis, que escribió una página vergonzosa en la historia de Cuba al impedirse el desembarco de 937 refugiados judíos provenientes de Hamburgo. El barco tuvo que regresar a Europa y 254 de sus pasajeros terminaron asesinados en el Holocausto. Mis padres se conocieron en La Habana y se casaron en 1942 en el Registro Civil de La Habana Vieja muy cerca de La Bodeguita del Medio, el mismo año en que la abrieron.   Para 1950, Venezuela, de acuerdo con su Producto Interno Bruto por habitante, era el cuarto país más rico del planeta, dos veces más que Chile, cuatro veces más que Japón, diecisiete veces más que China ...

La trampa del papelito

  La trampa del papelito   “Diviértase y sonría con la Feria de la Alegría” …   Recuerdo nuestras clases magistrales de ciencias básicas, hace 57 años, en el auditorio de nuestra escuela de medicina, en la plaza San Lorenzo. Éramos más de cien alumnos para apenas cien asientos agrupados en filas escalonadas. Abajo, en los primeros puestos, se sentaban los alumnos más aplicados. A medida que se subía, el desorden aumentaba. Los peor comportados ocupaban los puestos de arriba (yo me sentaba por ahí). Y qué decir de los que llegaban tarde y se quedaban parados en la entrada porque no encontraban dónde sentarse. Esos que, mientras esperábamos al profesor, apagaban las luces para generar caos… Recuerdo particularmente un papelito doblado que despachaban desde aquellas últimas filas en plena clase. Decía: “Demuestra con una sonrisa que eres marico” El papelito lo pasábamos discretamente de mano en mano. Desde los últimos puestos se dominaba todo el panorama. Quienes lo ...

Curiosidades de la vida cotidiana

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  Curiosidades de la vida cotidiana … Tengo un amigo, colega médico y psiquiatra, a quien le hice recientemente una pequeña consulta personal. La conversación fue más o menos así: “Tengo un peo”. “¿Cómo es ese peo?”, me preguntó. “Ese peo es ‘el peo’”. “Acabo de escribir un artículo que se llama ‘El peo del Rupununi’ y a los editores del portal digital no les gustó el título”. “¿Y cuál es el peo?” “Que a los editores no les gusta la palabra peo”. “Divide la palabra”, me aconsejó. “Un peo no se puede dividir”. “Bueno, ese es tu peo”. Y aunque es psiquiatra, agregó: “A veces hay que usar antiflatulentos”. “Entonces dame un consejo para resolver este peo”. Me respondió con una máxima: “Una de las reglas de la buena vida es ‘cero peo’”. Me quedé pensando e insistí: “¿Se puede censurar un peo?” “Un peo no se puede amordazar. Además, puede ser peligroso. Si se le mete mucha presión, el peo puede estallar”. El psiquiatra siguió: “¿Y si se prende con un fósforo? El gas ...