Entradas

El remordimiento de París

Imagen
El remordimiento de París  Hay historias importantes que no han sido mal investigadas, sino que simplemente no han sido bien contadas. Aquí hay una historia humana que me atrapó. También hay unos mapas. Pero esos son la parte más fácil.  Nueva York, martes 8 de febrero de 1944 En el piso 26 del Wall and Hanover Building, un elegante rascacielos de 37 pisos ubicado en el número  63 de Wall Street , un anciano abogado de ochenta y tres años terminaba de dictarle a su secretaria un memorando confidencial. Desde sus ventanas se extendía una amplia panorámica del puerto de Nueva York y del distrito financiero. Allí, en uno de los bufetes más prestigiosos del país, especializado en derecho corporativo internacional y arbitrajes, uno de los socios fundadores estaba a punto de dejar por escrito un episodio que había pesado sobre su conciencia durante los últimos cuarenta y cinco años. Las paredes de la oficina estaban cubiertas por estanterías repletas de libros jurídicos. Gruesa...

La plaza digital

Imagen
  La plaza digital Minicrónica mayamera de la cuarta edad Antes, para socializar y conversar, las personas mayores se reunían en una plaza pública, una cafetería, un club o incluso en alguna esquina. Hoy lo hacen en los chats grupales de WhatsApp o de cualquier otra red social, desde la pantalla de un celular.   Tal vez tenga alguna suerte de fobia social. No lo sé. Lo cierto es que esos chats me intimidan, no me gustan mucho. Después de todo, las plazas públicas tampoco eran lo mío.   Recuerdo, en mis tiempos de ejercicio profesional, la alergia de los médicos a las consultas por WhatsApp. Aunque, bien utilizadas, pueden ser de gran ayuda. Más de una vez pude diagnosticar tempranamente una complicación quirúrgica por una foto de una secreción proveniente de un drenaje abdominal.    También recuerdo un chat que abrió una familia, casi completa, sobrinos y cuñados incluidos, de un paciente complicado, con los médicos tratantes. Todos hacían las mismas preguntas, ...

El verdadero creyente

  El verdadero creyente también va al estadio … Del infarto de un “hincha” a la movilización de las masas Es un domingo. Son  las cinco de la tarde y se juega la final de un mundial de fútbol.  Un hombre de 58 años, obeso, fumador, con varias cervezas encima y vestido con la camiseta de su selección, sigue el partido frente al televisor. El marcador está 1 a 1.  En el minuto 89, el delantero de su país marca el gol del desempate. Corre hacia la tribuna dándose golpes de pecho con fuerza. Sus compañeros se abalanzan sobre él en una celebración desenfrenada.  Repentinamente, el hombre frente al televisor también se lleva las manos al pecho. Pero no para celebrar, sino por un dolor retroesternal opresivo severo que lo obliga a inclinarse hacia delante. Palidece y suda profusamente. Su esposa llama a una ambulancia. A los pocos minutos se ponen en marcha hacia el hospital. En el camino los carros con las banderas  de los países que juegan la final, ondeand...