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La plaza digital

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  La plaza digital Minicrónica mayamera de la cuarta edad Antes, para socializar y conversar, las personas mayores se reunían en una plaza pública, una cafetería, un club o incluso en alguna esquina. Hoy lo hacen en los chats grupales de WhatsApp o de cualquier otra red social, desde la pantalla de un celular.   Tal vez tenga alguna suerte de fobia social. No lo sé. Lo cierto es que esos chats me intimidan, no me gustan mucho. Después de todo, las plazas públicas tampoco eran lo mío.   Recuerdo, en mis tiempos de ejercicio profesional, la alergia de los médicos a las consultas por WhatsApp. Aunque, bien utilizadas, pueden ser de gran ayuda. Más de una vez pude diagnosticar tempranamente una complicación quirúrgica por una foto de una secreción proveniente de un drenaje abdominal.    También recuerdo un chat que abrió una familia, casi completa, sobrinos y cuñados incluidos, de un paciente complicado, con los médicos tratantes. Todos hacían las mismas preguntas, ...

El verdadero creyente

  El verdadero creyente también va al estadio … Del infarto de un “hincha” a la movilización de las masas Es un domingo. Son  las cinco de la tarde y se juega la final de un mundial de fútbol.  Un hombre de 58 años, obeso, fumador, con varias cervezas encima y vestido con la camiseta de su selección, sigue el partido frente al televisor. El marcador está 1 a 1.  En el minuto 89, el delantero de su país marca el gol del desempate. Corre hacia la tribuna dándose golpes de pecho con fuerza. Sus compañeros se abalanzan sobre él en una celebración desenfrenada.  Repentinamente, el hombre frente al televisor también se lleva las manos al pecho. Pero no para celebrar, sino por un dolor retroesternal opresivo severo que lo obliga a inclinarse hacia delante. Palidece y suda profusamente. Su esposa llama a una ambulancia. A los pocos minutos se ponen en marcha hacia el hospital. En el camino los carros con las banderas  de los países que juegan la final, ondeand...

El “nosotros” de las tragedias

El “nosotros” de las tragedias Los venezolanos son campeones de la solidaridad. Apenas ocurre una catástrofe en el país, vacían de inmediato armarios, alacenas y despensas para enviar ropa, alimentos y productos de primera necesidad, a centros de acopio que se organizan con una rapidez impresionante. Y esa respuesta no se limita a quienes viven en Venezuela. Los venezolanos se movilizan desde cualquier rincón del mundo. Lo demostraron una vez más en los terremotos del 24 de junio. Pareciera que los terremotos, además de derrumbar edificios, también derriban, aunque sea por unos días, las barreras que nos separan. Extraños se abrazan y auxilian mutuamente. Personas que en la vida cotidiana apenas saludan a un vecino, son capaces de arriesgar la vida por un desconocido durante un terremoto, una inundación o cualquier otro desastre natural. En una catástrofe, la empatía nos pone en el lugar del otro, la compasión despierta el deseo de aliviar el sufrimiento ajeno, y la solidaridad convier...