La trampa del papelito “Diviértase y sonría con la Feria de la Alegría” … Recuerdo nuestras clases magistrales de ciencias básicas, hace 57 años, en el auditorio de nuestra escuela de medicina, en la plaza San Lorenzo. Éramos más de cien alumnos para apenas cien asientos agrupados en filas escalonadas. Abajo, en los primeros puestos, se sentaban los alumnos más aplicados. A medida que se subía, el desorden aumentaba. Los peor comportados ocupaban los puestos de arriba (yo me sentaba por ahí). Y qué decir de los que llegaban tarde y se quedaban parados en la entrada porque no encontraban dónde sentarse. Esos que, mientras esperábamos al profesor, apagaban las luces para generar caos… Recuerdo particularmente un papelito doblado que despachaban desde aquellas últimas filas en plena clase. Decía: “Demuestra con una sonrisa que eres marico” El papelito lo pasábamos discretamente de mano en mano. Desde los últimos puestos se dominaba todo el panorama. Quienes lo ...
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Curiosidades de la vida cotidiana
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Curiosidades de la vida cotidiana … Tengo un amigo, colega médico y psiquiatra, a quien le hice recientemente una pequeña consulta personal. La conversación fue más o menos así: “Tengo un peo”. “¿Cómo es ese peo?”, me preguntó. “Ese peo es ‘el peo’”. “Acabo de escribir un artículo que se llama ‘El peo del Rupununi’ y a los editores del portal digital no les gustó el título”. “¿Y cuál es el peo?” “Que a los editores no les gusta la palabra peo”. “Divide la palabra”, me aconsejó. “Un peo no se puede dividir”. “Bueno, ese es tu peo”. Y aunque es psiquiatra, agregó: “A veces hay que usar antiflatulentos”. “Entonces dame un consejo para resolver este peo”. Me respondió con una máxima: “Una de las reglas de la buena vida es ‘cero peo’”. Me quedé pensando e insistí: “¿Se puede censurar un peo?” “Un peo no se puede amordazar. Además, puede ser peligroso. Si se le mete mucha presión, el peo puede estallar”. El psiquiatra siguió: “¿Y si se prende con un fósforo? El gas ...
La revuelta del Rupununi y el Texas que Venezuela no tuvo …
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La revuelta del Rupununi y el Texas que Venezuela no tuvo… Quien haya leído el Remordimiento de París (El Estímulo, Opinión, 26-08-2026) tal vez haya quedado con la sensación de que Venezuela nunca hizo nada para conservar el territorio Esequibo despojado por el Laudo Arbitral de París en 1899. No es así. Después de la denuncia del fraude de Severo Mallet-Prevost, se hicieron algunas cosas impecables como la actuación de la cancillería de Marcos Falcón Briceño y sus “hombres”, aquellos curas espías cuyo trabajo documental fue fundamental para reabrir el reclamo y lograr, años después, la firma del Acuerdo de Ginebra en 1966. Pero siempre con diplomacia y papeles y nada de acción en el terreno. En el siglo XIX una incursión terrestre hubiera representado una guerra contra el imperio británico, el más poderoso de la época, y eso no hubiera sido nada fácil … Venezuela no siempre fue un bochinche. Francisco de Miranda dixit … Los dos primeros gobiernos de la etapa democrática de...
El remordimiento de París
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El remordimiento de París Hay historias importantes que no han sido mal investigadas, sino que simplemente no han sido bien contadas. Aquí hay una historia humana que me atrapó. También hay unos mapas. Pero esos son la parte más fácil. Nueva York, martes 8 de febrero de 1944 En el piso 26 del Wall and Hanover Building, un elegante rascacielos de 37 pisos ubicado en el número 63 de Wall Street , un anciano abogado de ochenta y tres años terminaba de dictarle a su secretaria un memorando confidencial. Desde sus ventanas se extendía una amplia panorámica del puerto de Nueva York y del distrito financiero. Allí, en uno de los bufetes más prestigiosos del país, especializado en derecho corporativo internacional y arbitrajes, uno de los socios fundadores estaba a punto de dejar por escrito un episodio que había pesado sobre su conciencia durante los últimos cuarenta y cinco años. Las paredes de la oficina estaban cubiertas por estanterías repletas de libros jurídicos. Gruesa...