Ester en Susa, Estrella en Caracas y “Purim” en el Caribe …

 Ester en Susa, Estrella en Caracas y “Purim” en el Caribe …

Primera parte

 

Una cruzó el umbral del palacio del rey persa Asuero, en la antigua ciudad de Susa en el siglo V a. C., y la otra, dos mil quinientos años más tarde, cruzó el de Miraflores en la Caracas tropical de 1939, en tiempos del general Eleazar López Contreras. Una habló desde la intimidad del trono y la otra desde el entorno social que rodea al poder. Una está canonizada en un texto sagrado y la celebramos cada año, y la otra vive en la memoria oral judeo venezolana, entre el mito y el escándalo.

 

La historia de Esther no tiene respaldo en crónicas persas ni hay registros históricos que la confirmen. Existe, eso sí, como un documento antiguo integrado a la Biblia. En el caso de Estrella hay crónicas verificables y archivos de desembarcos, pero no hay libro… no hay dogma ni revelación divina.

 

Susa (versión libre)

 

Hacia el año 479 a. C., Susa era una de las capitales del Imperio persa, que se extendía desde Egipto hasta la India, consolidado gracias a Darío I. Tras su muerte, en 486 a. C., mientras preparaba una campaña contra los griegos, asumió el trono su hijo Jerjes, en griego, Asuero en español o Ahasverosh en hebreo. En persa la cosa es más complicada...

 

Durante el tercer año de su reinado convocó un gran banquete de siete días para todos los jerarcas militares con el fin de planificar la invasión a Grecia en venganza de la derrota de su padre, Darío I, en la batalla de Maratón, y también para expandir su imperio hacia Europa. Tuvo lugar en el jardín interior de su opulento palacio, rodeado de columnas de mármol y cortinas blancas y azules sostenidas por anillos de plata, sofás sobre un piso de mosaico incrustado con piedras preciosas, vino a raudales servido sin límites en copas de oro.

 

Al séptimo día, Asuero, ya “pasado de tragos”, quiso lucir su máxima joya, la reina Vasti, para hacer gala de su extraordinaria belleza. Pidió a sus eunucos que la llevaran ante su presencia portando la corona, y ella ¡se negó en redondo! Vasti, nieta de Nabucodonosor y muy autónoma, organizó su propio banquete en paralelo con las mujeres de la corte. No estaba para cantos de guerra, y mucho menos para que la exhibieran como un objeto público.

 

Asuero, enfurecido por la respuesta, siguió la recomendación de sus consejeros más allegados, le retiró el título de reina y expulsó a Vasti de la corte mediante un decreto que se dio a conocer en todo el reino, para que todas las mujeres aprendieran a respetar a sus esposos, desde “los más importantes hasta los menos importantes” …

 

El rey Asuero no estaba preocupado. Era joven, enérgico y poderoso. Tenía 35 años, con tremenda “pinta”, alto, atlético, con una belleza física impresionante. Marchó “soltero” a la guerra contra Grecia, y de Vasti más nunca se supo… 

 

Cuatro años más tarde, Asuero regresó. Aunque saqueó Atenas, perdió su flota en batallas decisivas en el mar Egeo. Estaba derrotado. Necesitaba una nueva reina para estabilizarlo, a él y a su corte. 

 

Entonces promulgó un nuevo edicto. “Que se busquen jóvenes vírgenes y hermosas para el rey en todas las provincias del reino y que se les dé un tratamiento de belleza” (como a las misses de hoy). Y así se hizo.

 

Los primeros israelitas llegaron a Persia después de la invasión asiria del norte del reino de Israel en el año 722 a. C. Ciento treinta y cinco años más tarde se produjo el exilio a Babilonia tras la destrucción del Primer Templo de Jerusalén, en 586 a. C. Allí prosperaron y terminaron considerando esas tierras como su hogar.

 

Ya bajo la dominación persa y gracias a un edicto de Ciro el Grande pudieron regresar a reconstruir el Templo setenta años más tarde. Pero solo lo hizo alrededor del 20 %. El 80 % restante se quedó. En tiempos de Asuero, unas seis décadas después, ya eran varios cientos de miles de judíos dispersos por todo el reino.

 

Entre ellos se encontraba en Susa Mardoqueo, o Mordejai en hebreo, hijo de Yaír, hijo de Quis, de la tribu de Benjamín, descendiente de una familia capturada en Jerusalén y llevada cautiva al exilio por Nabucodonosor.

 

Mardoqueo era un funcionario de la corte que trabajaba “sentado a la puerta” del rey, despachando y ocupando un cargo administrativo y judicial. Tenía una prima mucho menor, a quien había criado como hija adoptiva tras la muerte de sus padres. Se llamaba Hadasa. Era hermosa, esbelta e inteligente. Tenía entre 16 y 18 años cuando la reclutaron en Susa para el concurso de belleza convocado por Asuero.

 

Existía un ambiente de hostilidad contra los judíos en esa época promovido por Amán, primer ministro de la corte, descendiente de Agag, rey de Amalec, eterno enemigo de Israel desde los tiempos del Éxodo. Presentaba a los judíos como un pueblo esparcido, con sus propias leyes, que no se asimilaba y que no aportaba nada a la economía, “amigos de la democracia griega”, decía (familiar, ¿no?).

 

Ante la esperanza de que Hadasa regresara, Mordejai le hizo jurar que no revelaría su nombre ni su origen. Para su tratamiento de belleza que duró un año, fue puesta bajo el cuidado de Hegay, el eunuco jefe del harén. Dijo llamarse Ester (del hebreo “hester”, ocultamiento), Ester de Susa, “la oculta” …

 

Al décimo mes del séptimo año de su reinado, Ester fue presentada ante Asuero. ¡Quedó prendado! Ganó su aprobación por encima del resto de las jóvenes y la proclamó reina en lugar de Vasti.

 

Mardoqueo, en su puesto de trabajo, a “la puerta del rey”, fue testigo accidental de un complot para asesinar a Asuero. Se lo contó a Ester, recién nombrada reina, y ella se lo comunicó al rey. Los conspiradores fueron ahorcados y la denuncia quedó asentada en el libro de los registros reales.

 

Amán ganaba poder con el tiempo e incrementaba su odio hacia los judíos, y Mardoqueo, que se negaba a hacerle reverencias, no ayudaba precisamente. Puso en marcha su plan y manipuló al rey para que firmara un decreto de aniquilación contra ese “pueblo esparcido con leyes diferentes”. A cambio, la corona recibiría el equivalente en plata a dos tercios de su presupuesto anual, producto de la confiscación de sus bienes. Luego echó a la suerte (“pur” en hebreo, ahí sí no sabemos qué método utilizó) el día de su ejecución. Cayó el 13 del mes de Adar, el duodécimo del calendario hebreo, en el año duodécimo del reinado de Asuero. Mientras tanto, Ester seguía oculta en su identidad…

 

El edicto ordenaba “destruir, matar y exterminar a todos los judíos, desde el joven hasta el anciano, niños y mujeres en un mismo día”. Se tradujo a todos los idiomas y se envió a las 127 provincias del imperio, desde Etiopía hasta la India. 

 

Cuando Mardoqueo se enteró del decreto, se rasgó las vestiduras, se vistió de luto y se cubrió de ceniza. Le avisó a Ester a través de un intermediario y le pidió que se intercediera ante el rey para implorar clemencia. “Si ahora te quedas callada, de otra parte, los judíos sobrevivirán, pero tú y la familia de tu padre perecerán”.

 

Según la ley, presentarse ante el rey sin ser invitado significaba la pena de muerte. Ester respondió “que ayunen por mí durante tres días, yo, por mi parte, ayunaré con mis doncellas. Y cuando cumpla con esto, me presentaré ante el rey, y si perezco, que perezca” …

 

Al tercer día, Ester se paró en el jardín interior del palacio, frente a la sala del rey, para llamar su atención. Asuero extendió su cetro para que se acercara. Ester lo invitó a él y a Amán para un banquete al día siguiente.

 

Esa noche el rey no pudo dormir y, en medio del insomnio, revisó las crónicas reales. Encontró la denuncia de Mardoqueo, cinco años atrás, que le había salvado la vida, y se dio cuenta de que nunca fue recompensado. Mientras tanto, Amán en su odio visceral contra ese funcionario judío de la corte, le preparaba una horca para matarlo.

 

Al  día siguiente, Asuero le pidió consejo a Amán acerca de cómo compensar a alguien a quien hubiera prestado un servicio importante al rey. Amán pensando que era él a quien iban a honrar, recomendó un paseo en el caballo real, dirigido por un noble importante, proclamando loas por las calles de la ciudad. Y así fue como Amán, designado por el rey, paseó a Mardoqueo por Susa ese mismo día. Su furia se incrementaba…

 

Esa misma noche fue el banquete de Ester. Sin mucho preámbulo le dijo al rey que tenía que revelarle un secreto. Asuero insistió curioso. Ester se puso de pie y, delante de Amán, dijo con la mayor dignidad posible, “mi verdadero nombre es Hadasa bat Abihail, hija de la tribu de Benjamín y del Dios supremo”. Y luego añadió, “si me he ganado el favor de su majestad, le pido que me conceda la vida y la de mi pueblo, porque se nos ha vendido a cambio de nuestra aniquilación”.

 

Y Asuero preguntó “¿quién se ha atrevido a semejante barbaridad?” Ester respondió, “el enemigo es el miserable de Amán” señalándolo con el dedo. 

 

El rey, enfurecido, se levantó para tomar aire en el jardín. En ese momento, Amán se acercó a Ester a pedirle clemencia, acosándola justo cuando Asuero regresaba. El rey lo interpretó como un intento de violación, en su presencia, en su propia casa. Su sentencia quedó inmediatamente sellada …

 

Tomado prisionero, el rey preguntó a uno de sus eunucos dónde podían colgarlo. Uno de ellos respondió que había una horca de cincuenta codos de altura junto a la casa de Amán, la misma que tenía reservada para Mardoqueo. Y ahí lo guindaron…

 

El decreto de aniquilación según las leyes persas, una vez emitido, no podía ser derogado. Asuero decretó un nuevo edicto que autorizaba a los judíos a defenderse y a matar a cualquier fuerza armada que los atacara, así como a apoderarse de los bienes de sus enemigos. Mardoqueo, nombrado primer ministro en sustitución de Amán, se encargó de su rápida distribución por el reino, faltando poco tiempo para la fecha fatídica.

 

Llegó el día 13 de Adar, duodécimo mes del calendario hebreo, y los judíos estaban preparados. Solo en Susa cayeron más de quinientos enemigos de Israel, y nunca se apoderaron de sus bienes.

 

Mardoqueo, usando su autoridad como primer ministro, ordenó la celebración de la victoria, la fiesta de Purim (por la “echada de la suerte”), el 14 y 15 de Adar de cada año, “con banquetes y con gozo” y con donaciones a los pobres en señal de gratitud por la salvación.

 

Venezuela, año 1939, muy d. C …

 

El Holocausto es el peor crimen cometido por la humanidad. Por su escala, su brutalidad y por la planificación sistemática del asesinato de seis millones de judíos con la intención de eliminar a un pueblo completo. De entre los pocos que lograron escapar de la tragedia, algunos pudieron llegar a Venezuela. Y fue gracias a una mujer judía que no fue reina, pero entendía de los pasillos y las antesalas del poder. No llevaba corona, pero supo cuándo tocar la puerta correcta.

 

Esta historia continuará…

 

 

Alberto Salinas 

Escritor y Cirujano en libre retiro 

Miami, 25 de febrero del 2026, a 5 días de la celebración de Purim


“Purim no es solo una fecha, es también una advertencia”

 


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