Minicrónica mayamera de la cuarta edad, “la solidaridad”, versión libre
Minicrónica mayamera de la cuarta edad, “la solidaridad”, versión libre…
Tengo un amigo, tan amigo, que recientemente me regañó por no ir nunca a la sinagoga. Tengo otro amigo, muy observante de la religión, tan amigo, que nunca me reclama mis ausencias en la sinagoga. ¿Quién tiene la razón? Ambos la tienen…
“El judaísmo es una forma de vida, no sólo una religión” … Rab Joseph Telushkin
Por siglos hemos intentado definir qué es un judío a través de argumentos políticos, religiosos, místicos y etc. De acuerdo con el Rabino Wikipedia son judíos aquellos que tienen un origen étnico común que practican el judaísmo como religión, y/o aquellos que se identifican como tales por compartir su cultura y su historia. No son excluyentes y aunque mi sangre es 400 % judía, yo me incluyo en el último grupo.
Uno de nuestros valores más importantes es la solidaridad. Y también de los más antiguos. Cuenta el libro de “Génesis” en la Biblia, la historia de José en Canaán, el undécimo hijo del patriarca Jacob, y su favorito. Sus hermanos cegados por la envidia y, además, porque soñaba con ser venerado (y a la larga no se equivocó), lo vendieron a una caravana de mercaderes ismaelitas cuando tenía 17 años. A su padre le hicieron creer que fue fue devorado por una bestia feroz. Le guardó luto por 22 años. Se lo llevaron a Egipto y allí fue revendido a Potifar, un funcionario gubernamental cuya esposa luego acusó a José, falsamente, de agresión sexual. Terminó en un calabozo del faraón…
Después de 15 años y habiendo creado fama de interpretador de sueños, lo sacaron de la cárcel y lo llevaron a la corte. El Faraón tenía una pesadilla que lo atormentaba, y nadie era capaz de descifrarla. Escuchó el contenido, “en mi sueño estaba junto al río”, “y del río subían siete vacas de hermosa apariencia y gordas”, “y he aquí que otras siete vacas feas y flacas subían del río después de ellas”, “y las vacas feas y flacas devoraban a las siete vacas hermosas y gordas” y consecutivamente aparecía una caña con siete espigas de trigo llenas de granos y luego marchitas…
José le dijo al Faraón, “las siete vacas hermosas son siete años y las siete espigas hermosas son siete años de abundancia”, “las siete vacas flacas son otros siete años y las siete espigas marchitas son siete años de hambre”. “No se conocerá la abundancia en la tierra porque la escasez será muy grande”, “nombre el Faraón un intendente inteligente y sabio que visite la tierra y recoja un quinto de la cosecha en los años de abundancia para que sirva de reserva para los siete años de hambre que vendrán sobre Egipto”. Y el Faraón lo nombró a él…
Pasaron siete años de abundancia y llegó la sequía y el hambre. Golpeó las tierras de Canaán donde vivía Jacob con su prole. Enterado de que en Egipto había trigo envió a sus diez hijos para procurarlo, menos a Benjamín el más pequeño, que se quedó con él. Se presentaron ante José al que no reconocieron. Los acusaron de espías y ladrones. A través de un intérprete (que no era necesario), explicaron que eran once hermanos, todos hijos de Jacob, faltaba el menor que se había quedado con su padre, y que habían venido a comprar alimentos. José los liberó. Les dio trigo, pero mantuvo a uno de ellos, Simeón, como rehén, y para liberarlo, les pidió regresar con su hermano pequeño, Benjamin, a quien recordaba con nostalgia. También les devolvió secretamente, escondido en sus alforjas, el dinero que habían pagado.
Al regresar a Canaán descubrieron el dinero escondido, temieron que los volvieran a acusar de ladrones, y que los convirtieran en esclavos. A pesar de la negativa inicial de Jacob, lo convencieron y volvieron a Egipto con Benjamin. Fueron recibidos por el mayordomo de José. Los reunieron con Simeón y los invitaron a un banquete en donde los sentaron por orden de edad. A los hermanos, sorprendidos, les dijeron que lo adivinaron gracias a una copa de plata, que era mágica.
Mientras empacaban más trigo para emprender el regreso, José escondió la copa de plata en la alforja de Benjamín. Al salir fueron alcanzados por soldados y requisados. Encontraron la copa en la bolsa de Benjamín y lo acusaron por robo. Podían seguir su camino, pero el ladrón debía quedarse. De vuelta ante José negaron el hecho y replicaron que preferían morir que ver sufrir a su padre nuevamente por la pérdida de un hijo predilecto, no lo soportaría…
Fuera de la presencia de los soldados, cargado de emociones, al ver que sus hermanos habían cambiado y que estaban dispuestos a dar la vida por Benjamín, José se descubrió ante ellos y asombrados, le pidieron perdón pensando que se vengaría. Los perdonó y les dijo que era su destino que estuviera en Egipto para que su pueblo sobreviviera a la escasez y la hambruna. Con el apoyo del Faraón, Jacob y toda su familia fueron invitados a Egipto. Jacob aceptó con la condición de que sus restos mortales fueran enterrados en Canaán (y así lo hicieron, en Hebrón). Se establecieron en la tierra de Gosen. José se reencontró con su padre 22 años después de su desaparición. Vivió, según la Biblia, 110 años…
Las siguientes dinastías de faraones esclavizaron a los israelitas por 400 años hasta que llegó Moisés y los sacó de Egipto. Se dio inicio al Éxodo. Deambularon 40 años por el desierto hasta llegar a Canaán, “la tierra prometida”. Moisés se llevó los restos de José. Fueron enterrados por Josué, en Hebrón, junto a los de su padre Jacob…
“El perdón es la clave para la acción y la libertad” … Hanna Arendt
La compasión nos pone en el lugar del otro. El perdón libera sentimientos y nos acerca. La solidaridad transforma esos sentimientos en acciones. En pocas palabras, eso es lo que nos enseñó José. Más extendida, socialmente, la solidaridad es un compromiso que va más allá de la simple empatía, que implica actos concretos por el bien común.
Somos una gran familia
Sucot es una festividad que rememora el transitar de los israelitas por el desierto después de abandonar la esclavitud en Egipto. Vivieron en “cabañas” precarias (Sucá) por 40 años. También celebra la recolección de la cosecha, el fin del ciclo agrícola. La tradición y la religión dicen que durante una semana todos deberíamos comer (y dormir) dentro de una Sucá durante 7 días. Pero eso está difícil. Mi amigo el observante (por donde comenzó esta crónica), construye en el jardín de su casa, todos los años, una Sucá, e invita a cenar dentro de ella, por una noche, a todos los compañeros de nuestra promoción del colegio.
Así ocurrió el pasado domingo. Habríamos alrededor de 40 personas. Llovía y no pudimos habitar la Sucá esa noche. Uno de los asistentes recién había perdido a su mamá. Nuestro anfitrión, solidariamente, organizó el servicio para la oración judía del anochecer. Sin mucho preámbulo los hombres presentes, cerca de 20, nos congregamos alrededor de la mesa del comedor de la casa y mirando hacia el oriente, uno de los invitados dirigió el rezo. Y de la misma manera que se hace en cualquier parte del mundo, el que estaba de luto pudo recitar una letanía en arameo, vigorosa, que hipnotiza a los que escuchan …
“Magnificado y santificado sea su gran nombre
En este mundo que Él ha creado de conformidad con su voluntad
Que Él establezca su reinado durante tu vida
Y durante la vida de toda la Casa de Israel”
Y dijimos Amén
Alberto Salinas, escribano
En Miami, 26 de octubre del 2024
PD: Los ciclos económicos duran entre 7 y 10 años. Me lo enseñó mi hijo José…
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