Una colecistectomía… y una reverencia

Una colecistectomía… y una reverencia 

En septiembre de 2012 asistí a un congreso mundial de cirugía organizado por la Federación Internacional para la Cirugía de la Obesidad (IFSO) en Nueva Delhi, India. Debo reconocer que IFSO siempre celebraba esas citas en destinos altamente apetecibles de visitar. Uno asistía, se ponía al día con algunos avances científicos, y de paso se hacía turismo de buen nivel. Y la India, desde luego, no era la excepción.

Me correspondió presentar, modestamente, dos trabajos científicos en ese evento, pero ni de lejos fui protagonista de nada. El verdadero protagonista fue el Dalai Lama …

 Mi religión es muy simple. Mi religión es la bondad …

Para millones de budistas, el Dalai Lama es la manifestación terrenal de la compasión, un monje tibetano que simboliza la bondad, la misericordia y el compromiso de aliviar el sufrimiento ajeno. Para muchas personas, incluso en Occidente, donde se le trata respetuosamente como “Su Santidad”, representa una autoridad moral y espiritual tan grande que algunos llegan a percibirlo casi como una divinidad. Aunque…

En la sesión magistral del jueves 13 de septiembre, a las diez de la mañana, estaba programada la inauguración del congreso por parte del Dalai Lama. Quince minutos antes de comenzar, el salón principal del Hotel Hyatt Regency Delhi ya estaba repleto. Alrededor de 800 personas, cirujanos, médicos y científicos de todo el mundo, ocuparon todas las sillas disponibles. Había bullicio, curiosidad y expectativa.

A la hora prevista, una señora del protocolo subió al podio y anunció la llegada de “Su Santidad”. De inmediato un silencio absoluto se adueñó de la sala. Sin que nadie lo pidiera, todos los asistentes enmudecieron. El silencio fue sepulcral …

El mensaje 

Se dirigió al auditorio en un inglés impecable. Tenía algo de mágico, se le entendía perfectamente. El contacto fue terrenal, fluido, cordial y, por momentos, sorprendentemente jocoso.

Sus comentarios iniciales giraron alrededor de la idea de que todos los seres humanos somos iguales en lo físico, lo mental y lo emocional. Desde que nacemos queremos ser felices y evitar el sufrimiento, y frente a eso, nuestras diferencias son secundarias. Sin embargo, observó que gran parte de la violencia a lo largo de la historia surge de esas diferencias. La división conduce al prejuicio, al acoso, al engaño y eventualmente a la guerra.

Habló de la tolerancia y el perdón, pero aclaró que perdonar no significa aceptar la injusticia. Tampoco se debe permitir que la injusticia despierte sentimientos de odio hacia los perpetradores. Hay que hacer justicia, dijo, pero sin perder el respeto por la dignidad humana de los demás…

Señaló que nosotros, los médicos, tenemos la ventaja y el privilegio de poder aplicar esos principios en nuestro día a día porque atendemos a los enfermos que necesitan ayuda sin distinción de su nacionalidad, ideología o religión. 

Mientras lo escuchaba recordé parte de la oración de Maimónides cuando pide a Dios Todopoderoso: “Que no vea en el enfermo más que a un ser que sufre”. No es casualidad que un monje tibetano del siglo XXI y un médico judío del siglo XII coincidan en algo tan esencial. El sufrimiento humano es universal, no importa desde dónde se mire.

Consciente del tipo de evento al que asistía, un congreso de cirugía bariátrica, dijo no estar familiarizado con la palabra obesidad, aunque entendía que se trataba de tener exceso de peso. Luego agregó en tono de broma, que, como monje budista, no cenaba y que, por lo tanto, no sufría de ese problema…

Hay sufrimientos que se meditan … y otros que se operan

Al finalizar su exposición, el Dalai Lama se ofreció a responder preguntas de la audiencia. Entre las muchas que se formularon, algunas de ellas políticas, me llamó la atención que varias personas le pidieran una bendición. Por lo visto, es algo que le ocurre con frecuencia dondequiera que se presente.

Respondió que era escéptico respecto a lo que llamábamos bendiciones. Dijo que, cuando alguien las pide, en realidad busca alivio, garantías o protección externa, pero que “lo que te va a ayudar no es lo que yo haga, sino lo que tú hagas”. La mejor bendición, añadió, está dentro de nosotros mismos, en nuestra conducta, en la compasión y en lo que hacemos por los demás.

Evitó así colocarse como una fuente de bendiciones, como alguien que otorga favores o protección. Tampoco negó que la gente necesite ayuda. Insistió en que “la ayuda real no sustituye la responsabilidad personal”.

“El dolor es inevitable; el sufrimiento es opcional” …  Siddharta Gautama (Buda)

En la doctrina budista, el sufrimiento nace en la mente cuando al dolor se le agregan el miedo, la ansiedad y la desesperación. En lo espiritual nadie puede hacer el trabajo por ti, pero en lo médico, es otra cosa.

La reencarnación de Avalokiteshvara para los budistas tibetanos, el bodhisattva que escucha el sufrimiento de los demás y encarna la compasión en la tierra, el Dalai Lama, sabe que, ante un cólico biliar severo, la compasión necesita a un cirujano…

Contó cómo después de un episodio de ictericia obstructiva en la década de los sesenta y de recibir tratamiento tradicional “tibetano” durante quince años sin mejoría, un dolor abdominal agudo lo llevó finalmente al quirófano en 2008. Tenía cálculos en la vesícula biliar. El doctor Pradeep Chowbey, quien presidía aquel congreso de IFSO en Nueva Delhi, le practicó una colecistectomía.

Entonces entendí por qué, al subir al estrado, se inclinó respetuosamente ante el doctor Chowbey. Y también comprendí por qué había aceptado participar en un evento relativamente menor para alguien de su estatura moral y espiritual. En un gesto de reverencia y gratitud, había acudido por invitación del hombre que pocos años antes lo había liberado del dolor de un cólico biliar.






¿Quién es el dios? 

Al negarse a impartir bendiciones, el Dalai Lama evitó presentarse como una fuente de poder sobrenatural. Y al inclinarse ante el cirujano que lo había operado no disminuyó su figura, por el contrario, la hizo más humana.  

Nadie está por encima de una enfermedad, ni siquiera quien, para millones de personas, representa la compasión. No rindió culto ni se rebajó ante un ser superior. Expresó algo simple y profundo: aprecio, gratitud y respeto hacia el cirujano que lo operó.

No porque el médico fuera un dios, tampoco lo es el Dalai Lama, sino porque la enfermedad nos recuerda algo elemental, que todos somos igualmente vulnerables. Un cólico biliar severo no distingue entre un campesino, un presidente, un premio Nobel o el Papa.

Nosotros los cirujanos tampoco debemos olvidar que los papeles pueden invertirse en cualquier momento dentro del quirófano, porque el que opera hoy puede convertirse mañana en el paciente que necesita ser operado…

Y si el Dalai Lama rechaza la idea de poseer poderes especiales y reconoce sus vulnerabilidades humanas, los cirujanos también deberíamos aceptar nuestras limitaciones. 

La omnipotencia es una ilusión. No es lo mismo decir que un procedimiento no se puede hacer que reconocer, “yo no lo puedo hacer”. La competencia incluye saber pedir ayuda o consejo cuando es necesario, y eso no disminuye al cirujano, al contrario, lo engrandece.

 

Alberto Salinas, escritor y cirujano en libre retiro
Miami, 3 de junio del 2026

 

Yo estuve allí …


PD: La colecistectomía consiste en extirpar la vesícula biliar, un reservorio de bilis, prescindible, del tamaño del dedo pulgar, que se encuentra debajo del hígado.  Se practica a través de 2 ó 3 incisiones de 0,5 a 1 centímetro guiada por una videocámara (laparoscopia) y es una de las cirugías más frecuentes a nivel mundial.


En 2008, cuando el Dalai Lama necesitó ser intervenido de urgencia por sus cálculos biliares, el presidente George W Bush le ofreció trasladarlo a Norteamérica para atenderlo en un hospital con todas las facilidades y tecnologías estadounidenses. El Dalai Lama declinó amablemente la oferta y decidió operarse con el doctor Pradeep Chowbey en Mumbai, uno de los pioneros de la cirugía laparoscópica en la India.


 

 

 

 


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