La inteligencia desinhibida

 La inteligencia desinhibida 

 

En medicina está descrito el “Síndrome del Sabio” (Savant Syndrome en inglés, aunque savant viene del francés “erudito”). Se trata de personas que tienen ciertas capacidades mentales extraordinarias que contrastan con sus capacidades generales, usualmente restringidas. En toda la literatura médica se han registrado unos 320 casos.


Existen los savants clásicos, que tienen limitaciones cognitivas, con frecuencia dentro del espectro autista, con talentos extremos, específicos para el cálculo, la música o la memoria. Ellos nacen con esas cualidades. Y están los savants adquiridos, que son quienes, después de un traumatismo craneano, un accidente cerebrovascular, una crisis epiléptica o alguna otra lesión del sistema nervioso central, comienzan a desarrollar progresivamente habilidades asombrosas, artísticas, de memoria, lingüísticas, matemáticas, y etcétera, como si una función dormida empezara, de pronto, sin entrenamiento previo, a emerger espontáneamente...


Hay alrededor de 50 de estos casos “misteriosos” reportados. Dentro de este grupo de savants adquiridos están los “sabios súbitos” (“Sudden Savant Syndrome”), personas completamente normales que, después de un evento puntual, usualmente traumático, despiertan de un día para otro con una destreza excepcional, sin ninguna explicación evidente. Y, aunque sea difícil de creer, de esos 50 casos documentados hay 10 que corresponden a esta variante repentina...

 

Un savant clásico 


El más famoso es Raymond Babbit, aunque nunca existió. Es un personaje ficticio, un savant autista con una memoria fotográfica y una capacidad de cálculo increíble, interpretado por Dustin Hoffman en la película “Rain Man”. Estaba inspirado en Kim Peek, un caso real, originario de Utah, un “mega sabio” que, curiosamente, no era autista.


Peek, fallecido a los 58 años en el 2009 por un infarto, tenía dificultades cognitivas y motoras por haber nacido con macrocefalia y una agenesia, una ausencia, del “cuerpo calloso”, el puente que que conecta ambos hemisferios cerebrales. Estaba “cableado” de una forma distinta y poseía una memoria excepcional. Podía leer dos páginas simultáneamente, una con cada ojo, y retener el 98 % de la información.

 

¡Que te parta un rayo!

 

Tony Cicoria nació en Nueva York en 1952. Estudió medicina y se especializó en cirugía ortopédica. Un día, en 1994 (tenía 42 años), durante un picnic familiar en el lago Sleepe Hollow, en Athens, Nueva York, quiso saludar a su madre y se acercó a una cabina de teléfono público para llamarla. Repentinamente, una gran nube negra cubrió el área y, mientras hablaba, cayó un rayo sobre la cabina, atravesó el teléfono y Tony salió disparado por el aire. 

 

El destino quiso que una enfermera experta en cuidados intensivos estuviera esperando para usar el teléfono. Lo encontró en el piso, con un paro cardiaco, y le practicó maniobras de resucitación hasta que recuperó la conciencia. Cicoria se negó a ser trasladado a un hospital (típico de nosotros los médicos; nos gusta el hospital para trabajar, pero no para usarlo como pacientes). 

 

Su familia lo llevó de regreso a su casa, a dos horas en carro, del lugar del accidente. Su cardiólogo le practicó exámenes ambulatorios y a pesar de las quemaduras en la cara y en el pie izquierdo, lo encontró bien. Durante las primeras dos semanas tuvo problemas de memoria y se sentía lento pero su examen neurológico no reveló ninguna anormalidad.

 

Poco a poco fue mejorando hasta sentirse perfectamente, pero, simultáneamente, empezó a experimentar un deseo imperioso, obsesivo, de escuchar música clásica, a Vladímir Ashkenazy específicamente. Luego, le “picaban” las manos, compró un piano, ¡y pudo tocar! (había recibido clases sólo por un año, entre los 7 y los 8 años de edad). Contrató a un profesor y se convirtió en un profesional. Tenía sueños alucinantes en donde se veía interpretando una música original, que terminó escribiendo y la llamó ¡”Opus One: The Lightning Sonata”!…

 

Todavía hoy ejerce su especialidad médica, tiempo que comparte como concertista de piano y como “celebridad” dentro del mundo científico debido a su particular historia personal.

 

“A Beautiful Mind”

 

Jason Padgett tenía 32 años en el 2002, le gustaban los deportes extremos, había abandonado la universidad en la mitad de la carrera, era vendedor de colchonetas y llevaba una vida disipada. El 13 de septiembre de ese año, saliendo de un karaoke en compañía de una amiga, en Tacoma, Washington, fue atacado por dos hombres para robarlo. Recibió un golpe fuerte por detrás en la cabeza y al caer continuaron pateándolo sin clemencia. Lo llevaron a un hospital cercano. Con el diagnóstico de una conmoción cerebral y un traumatismo renal, lo observaron y lo egresaron 24 horas después.


A partir del día siguiente del ataque, comenzó a percibir el mundo como pixelado, todo lo que veía estaba formado por pequeñas figuras geométricas (“fractales”) que se repetían y se encadenaban hasta formar estructuras mayores, como en una pantalla de televisión donde diminutos cuadrados se van agrupando hasta completar la imagen final. Al mismo tiempo desarrolló un trastorno obsesivo compulsivo contra los “gérmenes” que terminó llevándolo al aislamiento. También empezó a dibujar de forma compulsiva los patrones geométricos que veía, estructuras repetitivas que recordaban principios matemáticos exactos y rasgos de la geometría “fractal” …


Tres años después del traumatismo decidió buscar ayuda psicológica y regresar a la universidad a estudiar matemáticas para entender mejor su condición. Allí conoció a su esposa actual, mejoró su trastorno obsesivo compulsivo y se convirtió en un dibujante de figuras geométricas inspiradas en la forma en que percibe el mundo. 


Hoy es también orador motivacional. Su psiquiatra lo diagnosticó como un savant adquirido, una suerte de “genio matemático”, que, en su caso, apareció de forma “súbita” después del golpe en la cabeza.


La fascinación de “circo”


Siguiendo un patrón que viene del siglo XIX, muchos savants clásicos fueron exhibidos en circos ambulantes como “fenómenos mágicos”, mostrando sus dotes de cálculo y memoria sobre todo musical. El público los veía con morbo e incredulidad, siempre invisibilizando sus miserias. Los savants adquiridos aparecidos desde el siglo XX se convirtieron en “curiosidades” científicas sensacionalistas, aunque tratados con mayor respeto. Esos casos rarísimos y “espectaculares” ayudaron a entender mejor la organización cerebral.


Muchos savants adquiridos presentaron lesiones en áreas del hemisferio cerebral izquierdo producto de un golpe, una descarga eléctrica o un accidente cerebrovascular. Supimos así que el lado izquierdo es el que selecciona y ordena la información cerebral, y que, si se daña, el hemisferio derecho, el más visual y musical, libera capacidades ocultas, normalmente inhibidas. Ellos demostraron que la genialidad savant no es magia ni un talento hereditario sino el resultado de un cerebro con menos filtros.


Los savants clásicos autistas nacen con esa configuración anormal, con ese “freno” del hemisferio cerebral izquierdo disminuido, y menos inhibiciones. Hay una menor interferencia en la aparición de capacidades del hemisferio derecho como el cálculo, el dibujo y la memoria musical, todas potenciadas por la híper focalización repetitiva y sostenida durante años. Ellos tienen una conectividad muy intensa dentro de esas áreas, pero una muy débil entre amplias regiones del cerebro. Eso explica por qué un savant clásico puede recordar una sinfonía completa pero no comprender una conversación cotidiana…


Los savants en general no inventan ni imaginan, sólo reproducen. Y lo hacen con una precisión sobrehumana. Un savant puede memorizar un libro, pero no escribir uno. Calculan con la exactitud y velocidad de una computadora, pero no pueden construir una teoría o un teorema…


Por eso Einstein era un genio y Kim Peek, un savant…


No necesitamos un “golpe de suerte” para ser más inteligentes. Necesitamos un cerebro bien equilibrado y sin lesiones. Lo demás, curiosidad y aprendizaje, corre por nuestra cuenta…



Alberto Salinas, 
Escritor y Cirujano en libre retiro 

En Miami, 7 de diciembre del 2025

 

 

 

 


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