Un Flash Mob bajo la Cota Mil
La mañana en que Caracas se detuvo a escuchar…
Un grupo de personas repentinamente se reúne en un lugar público, realiza un acto inusual y se dispersa rápidamente.
Los llaman Flash Mobs y son populares desde hace algunos años.
La Oda a la Alegría, la novena sinfonía de Beethoven, toda una filarmónica con su coral en una plaza pública en Barcelona de España, cinco cantantes profesionales de ópera vestidos como empleados de un supermercado en Londres interpretando el "Funícula", sesenta jóvenes bailarines irrumpen repentinamente en el aeropuerto de Dublín en un espectacular "Riverdance"…
No he tenido la suerte de toparme con nada parecido.
El público se sorprende gratamente, los he visto en YouTube. Esos videos eran virales con más de un millón de visitas. Hoy el público está más interesado en TikTok o Instagram…
Tenía por costumbre subir semanalmente a Sabas Nieves, en el cerro Ávila. Saltar de una acera en una urbanización poblada como Altamira y en 15 minutos estar inmerso en un bosque con el valle de Caracas a los pies, es un privilegio.
El túnel, que es el paso debajo del puente de la avenida Cota Mil, se convierte en un bazar todos los domingos, por donde miles de caraqueños caminan.
Un domingo de marzo del 2015 me aproximé escuchando de lejos una música agradable que pensaba era reproducida. La multitud impedía el paso. Algo estaba pasando …
Me acerqué y ahí estaban delante de mis ojos. No lo podía creer, un Flash Mob en mi propia ciudad. Cerca de treinta jóvenes, con el atuendo que los identificaba como parte del Sistema Nacional de Orquestas Juveniles de Venezuela, con sus instrumentos de viento, cuerdas, metales, percusión, y su director, ejecutando impecablemente un concierto de música barroca, para luego saltar a una salsa sinfónica con mucha alegría.
La gente se aglomeró a su alrededor. Aplaudieron. Tomaron miles de fotos. Y luego, en un instante, desaparecieron todos.
Definitivamente, los venezolanos hemos aprendido a ejecutar, escuchar y apreciar la música como nunca antes.
Tuve la suerte de celebrar mi cumpleaños aquel año en un restaurante en Boleíta, rodeado de mis allegados. Estuvieron presentes dos virtuosos, uno del violín, Alexis Cárdenas, y otro del cuatro, Jorge Glem. Improvisaron una performance que dejó paralizado a todo el público del local.
Alexis, en una entrevista previa, había vaticinado que “la música y los músicos venezolanos podrían ser nuestro próximo oro negro” …
Recordando aquel Flash Mob en el túnel de Sabas Nieves, pienso que no se equivocó.
Alberto Salinas, Escritor y Cirujano en libre retiro
Miami, 9 de junio del 2026
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