Curiosidades de la vida cotidiana

 Curiosidades de la vida cotidiana …

Tengo un amigo, colega médico y psiquiatra, a quien le hice recientemente una pequeña consulta personal. La conversación fue más o menos así:

“Tengo un peo”.

“¿Cómo es ese peo?”, me preguntó.

“Ese peo es ‘el peo’”.

“Acabo de escribir un artículo que se llama ‘El peo del Rupununi’ y a los editores del portal digital no les gustó el título”.

“¿Y cuál es el peo?”

“Que a los editores no les gusta la palabra peo”.

“Divide la palabra”, me aconsejó.

“Un peo no se puede dividir”.

“Bueno, ese es tu peo”.

Y aunque es psiquiatra, agregó:

“A veces hay que usar antiflatulentos”.

“Entonces dame un consejo para resolver este peo”.

Me respondió con una máxima:

“Una de las reglas de la buena vida es ‘cero peo’”.

Me quedé pensando e insistí:

“¿Se puede censurar un peo?”

“Un peo no se puede amordazar. Además, puede ser peligroso. Si se le mete mucha presión, el peo puede estallar”.

El psiquiatra siguió:

“¿Y si se prende con un fósforo? El gas metano ayuda”.

“Hum, además los peos son estériles”, agregué yo.

Aunque no estoy seguro, pero eso es otro peo.

El psiquiatra, viendo que el peo se le escapaba de las manos, dijo:

“Pregúntale a ChatGPT”.

Y así lo hice. Después de contarle todo, le pedí:

“ChatGPT, sácanos de este peo”.

“Ustedes están metidos en tremendo peo y lo único que puedo hacer es ponerlos en contexto”.

Pero insistí.

“¡Qué peo con ustedes! ¡Asuman su propio peo!”

Al final cambié la palabra y salí de ese peo…

 

A Salinas/E Benítez





 



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