La revuelta del Rupununi y el Texas que Venezuela no tuvo …

La revuelta del Rupununi y el Texas que Venezuela no tuvo… 

Quien haya leído el Remordimiento de París (El Estímulo, Opinión, 26-08-2026) tal vez haya quedado con la sensación de que Venezuela nunca hizo nada para conservar el territorio Esequibo despojado por el Laudo Arbitral de París en 1899. No es así. Después de la denuncia del fraude de Severo Mallet-Prevost, se hicieron algunas cosas impecables como la actuación de la cancillería de Marcos Falcón Briceño y sus “hombres”, aquellos curas espías cuyo trabajo documental fue fundamental para reabrir el reclamo y lograr, años después, la firma del Acuerdo de Ginebra en 1966.

Pero siempre con diplomacia y papeles y nada de acción en el terreno. En el siglo XIX una incursión terrestre hubiera representado una guerra contra el imperio británico, el más poderoso de la época, y eso no hubiera sido nada fácil …

Venezuela no siempre fue un bochinche. Francisco de Miranda dixit …

Los dos primeros gobiernos de la etapa democrática de Venezuela iniciada en 1959 tomaron muy en serio lo del reclamo del Esequibo. Desde 1965, durante la presidencia de Raúl Leoni, se preparó un plan para la recuperación del territorio por “las vías de hecho”. No lo llamaron invasión porque no se invade lo que es de uno (que cada quien lo interprete como quiera). El plan era sorprendentemente sólido, riguroso e integral.

El 27 de julio de 1965 se reunió en la Cancillería un comité de ministros para la cuestión de Guayana, dirigido por el canciller Ignacio Iribarren Borges. Por cierto, estaban presentes los curas espías, los padres Pablo Ojer Celigueta y Hermann González Oropeza. En noviembre produjeron un documento confidencial que establecía los objetivos de ejercer presión económica, diplomática y militar sobre la Guayana Británica y fortalecer la presencia venezolana en la frontera y ganarse a la población del Esequibo para la causa venezolana. 

Se crearon centros de alfabetización y escuelas básicas en las zonas fronterizas dentro de las áreas de influencia del Esequibo. Se otorgaron becas de estudios de bachillerato y formación técnica en ciudades del estado Bolívar a jóvenes indígenas de la parte guyanesa. Se organizaron puestos de salud en la frontera para atender a las comunidades locales.

Desde noviembre de 1967 se dictaron cursos de formación política en Tumeremo para líderes indígenas del Esequibo. Se promovió la creación de un partido político, el Partido Amerindio, para que sus dirigentes pudieran influir en la política interna de Guyana. Incluso se planificó la instalación de una emisora de radio para transmitir “propaganda subversiva” en inglés y en español sobre el territorio reclamado.

El plan tenía como objetivo la toma de todo el Esequibo. Incluía la participación de cuerpos militares en la frontera equipados con aviones de asalto, hidroaviones y lanchas fluviales. Soldados infiltrados entre los indígenas para hacer labores de inteligencia. Incorporaba la construcción de dos apostaderos navales en la desembocadura del río Amacuro para que los buques de guerra allí anclados pudieran llegar rápidamente, en caso de necesidad, a las costas guyanesas sin ser detectados por Trinidad.

¡Increíble todo!


Anacoco 

El acuerdo de Ginebra, firmado entre Venezuela y el Reino Unido en febrero de 1966, reconocía formalmente que existía una disputa por el territorio del Esequibo y que ésta debía resolverse mediante una negociación pacífica que resultara en un arreglo práctico y satisfactorio para todos. Algo así como “un acuerdo para llegar a un acuerdo”. Y tenía un plazo de cuatro años para lograrlo.

Para eso se creó una comisión mixta en donde se sentarían ambas partes. Pero en mayo de ese mismo año de 1966, Guyana se independizó. Los ingleses se fueron y entraron los guyaneses.

La primera reunión de la comisión se celebró rápidamente, en Caracas, en julio, luego otra en septiembre en Georgetown y una tercera en diciembre en Caracas. En todas, los guyaneses evitaron discutir el fondo del asunto, el arreglo práctico, “se hacían los locos”. Entonces, en Venezuela, el Estado Mayor Conjunto del Ministerio de la Defensa y el gobierno de Raúl Leoni pensaron, “estos tipos no nos van a vacilar”, y decidieron meterle presión a la cosa …

Anacoco es una isla fluvial de 28 km2, producto de la bifurcación del río Cuyuní, ubicada entre un caño secundario y el cauce principal, justo en la frontera con Guyana, en donde se unen nuevamente. El Laudo de París de 1899 no hace referencia a esa isla. Sin embargo, en los mapas firmados por los comisionados de ambas partes aparece en la frontera una línea que la divide en dos mitades, una occidental y otra oriental, esta última reclamada por Guyana como suya.

En noviembre de 1965, ya en marcha el “plan increíble” de recuperación del territorio, una comisión sanitaria venezolana formada por médicos y enfermeras visitó el islote, que para entonces tenía unos pocos ranchos con cuarenta adultos y diecinueve niños indígenas. El propósito era controlar la malaria y tratar la conjuntivitis predominante. Y, en un ejercicio de soberanía, plantaron la bandera de Venezuela en el extremo oriental de la isla (yo hubiera hecho lo mismo).

Para septiembre de 1966 ya se encontraba allí un destacamento de la Guardia Nacional y avanzaba la construcción de una pequeña pista de aterrizaje. Se habló sobre la presencia previa de fuerzas guyanesas en el islote denunciadas por pescadores venezolanos en la comisaría militar de Tumeremo, y que posteriormente fueron desalojadas por la fuerza. Esa fue la versión que circuló. Todo indica que fueron solo rumores que sirvieron para justificar una mayor presencia de la Guardia Nacional durante el siguiente mes de octubre. Porque la verdad es que la ocupación de Anacoco fue un plan fríamente calculado por el Estado venezolano …

Un buscador de diamantes guyanés que pasó por la zona divisó las tropas venezolanas y la pista de aterrizaje en la isla. Viajó a Georgetown a dar el parte a las autoridades. El 12 de octubre una misión guyanesa, desde el lado guyanés del Cuyuní, confirmó la existencia de personal venezolano en la isla de Anacoco, y no hicieron nada. Dos días después, el 14 de octubre, los principales partidos políticos de Guyana salieron a la calle a reclamar la incursión militar. Quemaron la bandera de Venezuela frente al Consulado en Georgetown. El gobierno de Guyana protestó por vía diplomática ante la cancillería venezolana. El ministro Iribarren Borges declaró: “El Gobierno de Venezuela rechaza la referida protesta por cuanto la isla de Anacoco es territorio venezolano en su totalidad y la República ha estado y está en posesión de ella”.

Los venezolanos no se fueron y la presencia militar en Anacoco se ha mantenido hasta el día de hoy. 

Dos años después ocurrió un evento mucho más audaz …

La presidenta del Estado Libre del Esequibo

La población de Guyana en la década del 60 rondaba los 700 mil habitantes. Cerca de la mitad eran indoguyaneses, descendientes de inmigrantes de la India traídos por los ingleses como mano de obra barata. Alrededor de un tercio eran negros afrodescendientes o afroguyaneses. El resto estaba repartido entre indígenas o amerindios, mestizos y minorías chinas y europeas. 

Valerie Hart era china y nació en Georgetown el 13 de marzo de 1933. Completó su educación media en colegios de la capital y se formó como auxiliar de vuelo (azafata). Dicen que era “urbana, instruida y con pasiones modernas”. A los 19 años se casó con Harry Hart, un ganadero de raíces estadounidenses y piloto que volaba sus propias avionetas, a quien conoció en algún aeropuerto local.

Valerie se mudó con Harry al rancho “Morerú” del clan Hart en la sabana del Rupununi, una región ubicada al suroeste del territorio Esequibo (en reclamación), fronteriza con Brasil y Venezuela, al lado de la Gran Sabana con la que comparte el escudo ancestral del macizo guayanés. Salvo la inexistencia de los tepuyes, la vegetación, fauna y clima son muy similares.

Tuvieron cinco hijos y conformaron una familia con sentido de pertenencia. Celebraron la independencia de Guyana y participaron juntos en un espectáculo de acrobacias aéreas …

La sabana del Rupununi, parte de la cuenca del río que lleva el mismo nombre, estaba totalmente aislada del norte y de la capital del país. No había carreteras. El ganado vacuno que se criaba en la zona era abundante y de libre pastoreo. Era el motor de la economía. Los ganaderos operaban sus propias avionetas para trasladarse y para transportar suministros, mercancías y hasta la carne destinada a Georgetown. El rancho “Morerú” de los Hart era uno de la docena de grandes ranchos del norte de la sabana y sus dueños formaban parte de lo que llamaban la “Aristocracia de la Sabana”. También los conocían como “los barones del ganado”…

Durante décadas un puñado de familias controló un territorio de cerca de 50 mil km2 y una población aproximada de doce mil habitantes, 85 % aborigen, con una estructura casi feudal en donde los indígenas trabajaban como “vaqueiros” para su subsistencia. Pero, históricamente, las familias ganaderas no eran propietarias de esas tierras. Las ocupaban mediante contratos de arrendamiento otorgados por el Estado, lo que las hacía vulnerables. 

Después de la independencia de Guyana en 1966, el nuevo gobierno de Georgetown informó que no entregaría ninguna tierra en propiedad y negó los títulos de reservas territoriales permitidos por Gran Bretaña. En otras palabras, las tierras quedaban bajo el control del primer ministro Forbes Burnham. Los “barones” se sintieron amenazados …

Burnham era líder del PNC (People’s National Congress), uno de los dos partidos políticos más importantes con una base principalmente afrodescendiente. Al asumir el poder su gobierno se apropió de una de las zonas más fértiles del Rupununi, cerca de las montañas de Moko Moko, la dividió en pequeñas parcelas y las distribuyó entre afroguyaneses del PNC. Se encendieron las alarmas.

Mientras tanto, la población amerindia se sentía arrinconada. Denunciaba discriminación, desplazamiento de sus tierras ancestrales y abandono por parte del gobierno de Georgetown. Se sentían desamparados. El Partido Amerindio, promovido desde el estado Bolívar, ya tenía treinta dirigentes que habían recibido su “adoctrinamiento” en Tumeremo. Algunos de ellos fueron perseguidos, encarcelados y torturados por el gobierno de Burnham.

A principios de 1968 comenzaron los reclamos de la Asociación de Ganaderos del Rupununi al parlamento guyanés frente a las políticas de tierras del PNC. Fueron ignorados. Valerie Hart era la presidenta de la asociación y se lanzó como candidata al parlamento por el Partido Amerindio para las elecciones de diciembre de ese año. 

El 23 de septiembre los directivos de la asociación enviaron una comunicación al gobierno de Venezuela en la que manifestaron: “Nosotros, los residentes del Distrito Rupununi de Guyana, (…) estamos deseosos de ser incluidos dentro de la estructura del Gobierno de Venezuela” …

Algunos de los directivos viajaron hasta Caracas para reunirse en la Cancillería el 31 de octubre, con el director de Política Internacional, Luis Herrera Marcano y con miembros de las Fuerzas Armadas. Ah, y estaba presente el cura Hermann González Oropeza, S.J…. Allí expusieron la situación del Rupununi, su decisión de separarse de Guyana y constituir un Estado independiente provisional para luego incorporarse a Venezuela. Pidieron ayuda. Todo encajaba perfectamente en el “plan increíble” que ya se venía contemplando. 

A partir de allí, los planes se ajustaron con minuciosidad incluyendo todo, estructura jurídica, administración civil del nuevo Estado y la operación militar. Los detalles fueron comunicados al presidente Raúl Leoni. Y Leoni le dio el “play” al “Plan de levantamiento de la población de la Guayana Esequiba”.

¿Y Texas?

Texas, siglo y medio antes, era un estado norteño y casi despoblado de México. Desde 1820 el gobierno comenzó a otorgar muchas concesiones para que colonos norteamericanos se asentaran allí. Y así lo hicieron. Andrew Jackson, presidente de los Estados Unidos entre 1829 y 1837, fue un ferviente expansionista y ofreció al gobierno mexicano comprarle el territorio. Se negaron rotundamente. Se generaron tensiones diplomáticas y luego Jackson fue acusado por ellos de instigar una revolución local. Jackson no quería intervenir directamente y provocar una guerra abierta con México.

En 1835 el presidente de México, Antonio López de Santa Anna, acabó con el sistema federal e instauró un régimen centralista. Los estados perdieron su autonomía y los texanos se alzaron. El 2 de marzo de 1836 firmaron la declaración de independencia de Texas. Hubo dos batallas ese año, una muy famosa, la batalla de El Álamo, que perdieron los texanos, y la de San Jacinto, que perdieron los mexicanos, con la particularidad de que el presidente Santa Anna fue capturado como rehén, nada más …

Santa Anna, para salvar su vida, firmó el Tratado de Velasco aceptando la separación del nuevo territorio. El Congreso de México desconoció su validez y nunca reconoció la independencia de Texas. Pero tampoco pudo recuperar el control de la región. Andrew Jackson reconoció oficialmente la independencia de la República de Texas el 3 de marzo de 1837. 

La República de Texas existió por nueve años hasta que decidió voluntariamente anexarse a los Estados Unidos en 1845.

En 1968, Venezuela tuvo ante sí una situación que guardaba un curioso parecido con la de los Estados Unidos frente a Texas, solo que la historia no terminó igual …

La secesión del Rupununi

Cuando Leoni le dio el “play” al plan del levantamiento a principios de noviembre de 1968, aparte de afinarlo, había que decidir entre muchas cosas, cuándo actuar. Las circunstancias parecían alinearse a favor de la operación …

Para decidir la fecha había que esperar por las elecciones generales de diciembre en Guyana. El partido opositor, encabezado por Cheddi Jagan, un odontólogo marxista y prosoviético, tenía un fuerte apoyo entre la población indoguyanesa, mayoritaria en el país. Se necesitaba el respaldo internacional. Venezuela, a diferencia del siglo anterior, gracias a la bonanza petrolera y con unas Fuerzas Armadas modernas y muy bien equipadas, era ahora la potencia fuerte frente a su débil vecino. 

El 16 de diciembre de 1968 Forbes Burnham ganó las elecciones con trampa y con el apoyo clandestino de la CIA. Los americanos sabían que en unas elecciones limpias Jagan podía ganar. Eran tiempos de la Guerra Fría y aunque Burnham era un tipo de izquierda nacionalista, lo consideraban un mal menor. Con Cuba y Fidel ya tenían suficiente …

También hubo otras elecciones clave, las de Venezuela el 1 de diciembre de ese mismo año. Las ganó Rafael Caldera.

La rebelión 

En la Sabana del Rupununi, en diciembre, los pastizales se tornan dorados, cesan las lluvias, los ríos vuelven a sus cauces y los caminos de tierra se hacen transitables. El 23 de diciembre de 1968, los líderes rebeldes se reunieron en el rancho Morerú de Harry y Valerie Hart para ultimar los planes de la insurrección.

Tomarían por sorpresa Lethem, la capital del distrito, y otros poblados más pequeños. Bloquearían los aeropuertos para aislar a la región y declararían la constitución del Estado Libre Esequibo. Fijaron la fecha para el 2 de enero para asegurarse de que los hijos de los ganaderos estuvieran de vuelta de sus colegios de Georgetown y no pudieran ser detenidos como rehenes durante la operación.

Simultáneamente se estableció un centro de operaciones militar en el Hato Santa Teresa ubicado a doce kilómetros al noreste de Santa Elena de Uairén, a una hora y media en un 4X4, en territorio venezolano. Tenía una casa de hacienda que servía de albergue al personal, en donde instalaron estaciones de radio, salas de reuniones y revelado de fotos. Disponía de una franja de terreno que servía como aeropuerto y permitía el aterrizaje de avionetas y de aviones militares Douglas C-47 con capacidad de transportar soldados, paracaidistas y suministros. También se utilizó para entrenar a los combatientes rebeldes en el manejo de rifles, armas semiautomáticas y automáticas, y bazucas.

Pero el plan, organizado desde Caracas, era más amplio porque también abarcaba la separación de la zona al norte del Rupununi, conocida como Amerindia, que llegaba hasta la costa atlántica y tenía su capital en Camarang. El hostigamiento racial del gobierno había generado tal rechazo que, según los cálculos venezolanos, el 80 % de la población simpatizaba con la anexión a Venezuela. Una vez declarado un gobierno provisional en el Rupununi, los dirigentes del Partido Amerindio, según lo previamente acordado, señalarían también su deseo de separarse de Guyana.

Venezuela debía reconocer a los dos Estados secesionistas como independientes y aceptar prestarles ayuda militar para protegerlos. Luego vendría la solicitud de anexión y así se recuperaría prácticamente todo el Esequibo. 

Listo y redondito todo. Pero …

El 27 de diciembre el embajador de los Estados Unidos en Caracas, Maurice Bernbaum, se reunió con el canciller y le informó que Washington tenía información sobre el plan y le advirtió que si se producían hechos violentos y Guyana llevaba la protesta a las Naciones Unidas, Venezuela quedaría como agresora y que Estados Unidos votaría junto a la Unión Soviética, contra Venezuela.

Iribarren lo negó todo, “Venezuela no estaba interviniendo ni propiciando ningún hecho armado en el Esequibo” …

Veinte años más tarde, en una entrevista, Bernbaum, ante la pregunta de cuál fue la mayor satisfacción de su carrera, dijo: “Bueno, ayudé a impedir un golpe contra Guyana mientras estaba en Venezuela”. Él creía que el gobierno de Leoni no estaba enterado. Contó que ellos habían descubierto que se preparaba un levantamiento en el Rupununi. Y que luego de informarlo dijo algo así como, “¿sabían ustedes que algunos militares venezolanos simpatizaban con la operación?”

¡¿De verdad?!

¿Quiénes eran los chicos listos aquí? ¿Los americanos? Por supuesto que en la cancillería todos se hicieron los pendejos.

El presidente electo Rafael Caldera fue debidamente informado el 20 de diciembre sobre los detalles de la operación. El gobierno de Leoni no podía ordenar ninguna acción sin su expresa aceptación. Caldera metió los informes en una gaveta. Después se supo que se había limitado a comunicarle telefónicamente a Iribarren que “todo el asunto le parecía muy peligroso” …

Se prendió el “peo” …

El 31 de diciembre de 1968 yo estudiaba primer año de medicina y debo haber estado en Puerto Azul. Los treinta y uno allí eran memorables y, por supuesto ignoraba, como muchos, lo que pasaba en la frontera. El director de Política Internacional, Luis Herrera Marcano, por instrucciones de Iribarren Borges, viajaba ese día al hato Santa Teresa para reunirse con la misma Valerie Hart. Allí le comunicó, en nombre del canciller y del presidente Leoni, que Venezuela no los apoyaría. ¡Dos días antes de la fecha fijada para el levantamiento!

A pesar de la negativa venezolana, los líderes de la rebelión decidieron mantener sus planes. Confiaban en que Venezuela, que históricamente reclamaba el Esequibo, terminaría enviando apoyo militar para proteger al nuevo estado.

Los acontecimientos sucedieron muy rápido …

A las 6:30 AM del 2 de enero, un contingente de entre 30 y 50 rebeldes armados compuesto por miembros de las familias ganaderas e indígenas irrumpió en Lethem, la capital del Rupununi. Entraron en vehículos Land Rover. Llevaban fusiles automáticos FAL, subametralladoras y bazucas, suministradas, con entrenamiento incluido, por Venezuela. Rodearon el edificio de madera de la Comisaría de Policía, gritaron ¡muera la opresión! y comenzaron a disparar. Murieron cinco oficiales y un funcionario civil del gobierno local. Los sobrevivientes se rindieron. Tomaron las estaciones de radio de onda corta y cortaron las líneas telefónicas. Bloquearon con tractores y camiones seis pistas de aterrizaje. Lethem quedó incomunicada con el resto del país. 

Pero uno de los operadores de la radio de onda corta logró enviar un breve mensaje de alerta a Georgetown. Algunos civiles que en medio de la balacera cruzaron la cercana frontera del río Takutu con Brasil también dieron de inmediato el parte al consulado de Guyana. Y se pusieron en marcha.

Los rebeldes no eran suficientes para bloquear todas las pistas de aterrizaje. La de Manarí, una población a pocos kilómetros de Lethem, quedó abierta. Al anochecer del mismo 2 de enero comenzaron a aterrizar aviones con tropas de las Fuerzas de Defensa de Guyana. El 3 de enero avanzaron a pie y en vehículos livianos. Eran tropas bien armadas y disciplinadas que superaban en número a los rebeldes que, a pesar de estar en buenas posiciones defensivas, no ofrecieron resistencia. Los líderes de la asonada se escaparon por la frontera hacia Venezuela.

Mientras comenzaba la rebelión Valerie Hart voló y aterrizó en el hato Santa Teresa. Desde ahí utilizó la estación de radio clandestina, la misma que usaron para la campaña previa, para dar la voz de alerta al mundo. En su condición de presidenta del Estado Libre del Esequibo, pidió especialmente a Estados Unidos y Venezuela ayuda para la región en su lucha contra la dictadura. Una ayuda que nunca llegó …

Al siguiente día continuó su viaje a Ciudad Bolívar y de ahí la trasladaron a Caracas. El mismo viernes 3 de enero se reunió en la Casa Amarilla con el canciller Ignacio Iribarren Borges y con el ministro del Interior Reinaldo Leandro Mora para exponer la situación del Rupununi y pedir formalmente la ayuda de Venezuela. Se rechazó prestar la ayuda militar por las implicaciones geopolíticas y los riesgos de ser acusados de agresores por la comunidad internacional.

Al salir de la reunión Valerie Hart declaró a los periodistas que esperaban al frente de la Plaza Bolívar: “Si Venezuela no nos presta ayuda a través de su Gobierno, cargará con la responsabilidad de la sangre que se derrame en la región del Rupununi porque ese territorio es venezolano y nosotros nos sentimos venezolanos” …

La revuelta se dio por concluida a las 48 horas de su inicio con la recuperación del control absoluto de las instalaciones administrativas, policiales y pistas de aterrizaje del Rupununi. Extraoficialmente el saldo de fallecidos fue de cinco policías, dos civiles y tres rebeldes amerindios. Alrededor de dos mil indígenas y ganaderos cruzaron la frontera, la mayoría hacia Brasil por ser la más cercana. La cúpula de los alzados junto con varios cientos de indígenas salió hacia Venezuela por Santa Elena de Uairén. A todos los que la solicitaron, les dieron cédulas de identidad como ciudadanos venezolanos por nacimiento.

Valerie Hart se reunió con su familia el 4 de enero y permaneció temporalmente en Venezuela. Luego se refugió en los Estados Unidos, paradójicamente en Texas, donde se convirtió al cristianismo evangélico y se dedicó al trabajo comunitario, alejada de la política y del Caribe. Pasó sus últimos años en la Florida. Falleció el 26 de febrero de 2021 en Vero Beach. Tenía 87 años. 

Esto sí que fue “el cuento” …

Lo que no fue “cuento” fue que Venezuela preparó durante años un plan estratégico que contemplaba todo, el contexto político, social y militar. Metieron dinero, propaganda, armas y entrenamiento militar. Instalaron estaciones de radio y construyeron pistas clandestinas. Infiltraron soldados con perfil de indígenas para labores de inteligencia. Y lo más importante, tenían la disposición de cumplirlo, hasta que apareció la amenaza del aislamiento internacional …

Es cierto que Washington hizo más costoso el plan, pero Rafael Caldera lo hizo inviable. Terminó rematando la faena dieciocho meses más tarde cuando firmó el Protocolo de Puerto España que congelaba el reclamo del Esequibo por doce años. Defendió el camino de la diplomacia ante el camino de la fuerza …

¿Qué hubiera pasado si se hubiera tomado el Esequibo? ¿Se habría conservado hasta hoy al igual que Anacoco? No soy historiador y mi educación científica no me permite adivinar lo que nunca ocurrió. Lo único que sé es que Venezuela no tuvo el Texas que le correspondía, un territorio que, como mínimo, solo con el Rupununi, era casi tan grande como el estado Guárico.

Texas se mantuvo independiente por nueve años, el Estado Libre del Esequibo no duró ni 48 horas. “El Texas que Venezuela no tuvo” fue el lugar en donde Valerie Hart, la mujer que intentó conseguirlo, terminó viviendo.

Un territorio históricamente reclamado, aislado del centro económico y político, con una población escasa pero dispuesta a la anexión, y con un plan integral, sin improvisaciones, con todos los recursos para su ejecución, ¿era el escenario perfecto para que se diera la invasión? O, como decían, ¿para la recuperación por “la vía de los hechos”?

Como diría mi youtuber favorito, llegados a este punto, ustedes amigos lectores, ¿qué opinan?


Alberto Salinas 
Escritor y cirujano en libre retiro
Miami, 10 de septiembre de 2026


El Salto del Aponwao.
Alguna vez pensé que el venezolano que no haya visitado La Gran Sabana debería rendir su cédula de identidad.








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