El fantasma de 1898
El fantasma de 1898 vuelve a rondar por Cuba
La historia de Cuba es muy conocida de Fidel para acá. Pero la previa no tanto.
Mi padre migró desde Turquía a La Habana, a los catorce años, en 1927 y mi madre con veinte años, desde Ucrania, huyendo de Europa en vísperas de guerra, en 1939. Por cierto, ella arribó al puerto de La Habana en el barco previo al St. Louis, que escribió una página vergonzosa en la historia de Cuba al impedirse el desembarco de 937 refugiados judíos provenientes de Hamburgo. El barco tuvo que regresar a Europa y 254 de sus pasajeros terminaron asesinados en el Holocausto. Mis padres se conocieron en La Habana y se casaron en 1942 en el Registro Civil de La Habana Vieja muy cerca de La Bodeguita del Medio, el mismo año en que la abrieron.
Para 1950, Venezuela, de acuerdo con su Producto Interno Bruto por habitante, era el cuarto país más rico del planeta, dos veces más que Chile, cuatro veces más que Japón, diecisiete veces más que China y superior al promedio de Europa occidental. Era “el sueño americano del sur”. Cuba, con una democracia constitucional en ese momento, era relativamente próspera, pero desigual y políticamente turbulenta. Mi familia decidió migrar en 1949 a un país que crecía espectacularmente. Llegaron a Caracas con mis dos hermanos mayores. Aunque yo nací en el Centro Médico de Caracas en San Bernardino, crecí comiendo picadillo y congrí y viendo jugar dominó hasta el doble nueve… Así que el tema me toca.
La sífilis y el tabaco. De Cuba para el mundo …
Cristóbal Colón apareció por Cuba en su primer viaje el 28 de octubre de 1492. La población amerindia autóctona oscilaba alrededor de 300 mil indígenas. La Isla Mayor de las Antillas era caliente, fértil y tropical. Colón envió a Rodrigo de Jerez a explorar el interior de la isla. A su regreso informó haber visto a unos indígenas con un tizón de hierbas secas enrolladas en hojas de plátanos y de maíz a las que les prendían fuego por un extremo y “chupaban” el humo por el otro. Al rollo lo llamaban “cohiba”. Fue el primer encuentro europeo con el tabaco y, al regreso de la expedición, Rodrigo de Jerez se convirtió en el primer fumador europeo de la historia.
La sífilis es una enfermedad producida por la bacteria Treponema Pallidum y básicamente tiene dos versiones, una cutánea que se contagia por contacto directo y otra venérea o de transmisión sexual. En Cuba predominaba la forma cutánea. Esos españoles que llegaron en ese primer viaje se contagiaron por ambas vías. Al llevar la bacteria al Viejo Mundo, donde la enfermedad era hasta entonces desconocida, le cambiaron las condiciones climáticas y junto a ropas pesadas, la bacteria mutó. Se adaptó, perdió capacidad de contagio cutáneo para hacer más fácil su transmisión por vía sexual. En 1495 estalló una epidemia brutal de sífilis venérea en España que se extendió por toda Europa.
La conquista duró cincuenta años y cumplido el primer siglo, entre las espadas, el sarampión, la viruela y el mestizaje los españoles arrasaron con el 90 % de la población local. Para el siglo XVI La Habana se convirtió en el centro de acopio de todos los tesoros del Nuevo Mundo de donde eran embarcados en caravanas de galeones rumbo a España. Exterminados los esclavos aborígenes, la Corona apeló a los esclavos africanos como nueva fuerza laboral. De los doce millones exportados a las colonias, cerca de un millón recaló en Cuba.
Los últimos fueron los primeros…
Cristóbal Colón trajo en su segundo viaje las primeras estacas de caña de azúcar desde las Canarias y las sembró en la isla de La Española. Veinte años después llegó la caña de azúcar a Cuba.
Haití, con los años, se convirtió en el principal productor mundial de azúcar. En 1791, cuatrocientos mil esclavos se alzaron contra los treinta mil blancos de la isla. Acabaron con los cultivos de la caña. Los dueños de las plantaciones migraron a la isla vecina de Cuba y la convirtieron en el nuevo centro azucarero del Caribe y del mundo. El 1 de enero de 1804, Haití logró su independencia y abolió la esclavitud. Fue el primer país latinoamericano en hacerlo.
Cuba se mantuvo fiel a la causa esclavista que garantizaba las ganancias del azúcar. Fue el último país iberoamericano en abolirla, en 1886.
“Cultivo una rosa blanca, en julio como en enero, para el amigo sincero, que me da su mano franca” … José Martí, apóstol de la independencia
El precursor de la independencia de Cuba fue Carlos Manuel de Céspedes, un hacendado criollo azucarero quien, en protesta por los aranceles de la Corona el 10 de octubre de 1868, llamó a los cubanos a rebelarse contra España. Liberó a sus esclavos y declaró la independencia de la isla. “La guerra de los machetes” duró diez años y, cien mil muertos después, terminó en 1878 con un acuerdo de paz que mantuvo a la colonia española, pero con importantes reformas políticas. Y muchos rebeldes no quedaron satisfechos…
José Martí fue un joven de clase media, preso por traición en 1869, a los 16 años, por las autoridades españolas y sometido a trabajos forzados. En 1871 fue expulsado a España y allí logró licenciarse en Derecho, Filosofía y Letras. Fue maestro, profesor de literatura francesa, poeta, escritor y político. Peregrinó por América Latina, Nueva York y la Florida en donde fundó, en 1892, el Partido Revolucionario Cubano, en Cayo Hueso, desde donde también organizó la guerra de independencia cubana.
Durante ese periplo, estando en Nueva York, decidió residenciarse en Venezuela en 1881. Fundó una revista y en su segunda edición publicó un obituario, muy elocuente, elogiando a su admirado amigo Cecilio Acosta. A Guzmán Blanco no le gustó. Cecilio Acosta era un opositor que se negaba a sumarse al coro de la adulación colectiva del Ilustre Americano. Guzmán le pidió que publicara un texto del mismo calibre elogiando al gobierno. Martí se negó y Guzmán Blanco lo botó del país. Solo duró seis meses…
José Martí regresó a Cuba en abril de 1895 con un grupo de comandantes militares para incorporarse a la guerra de independencia que él mismo había contribuido a organizar, que había comenzado siete semanas antes de su llegada. Apenas el 19 de mayo cayó muerto en su primera batalla, en Dos Ríos, al oriente del país. Era la que él había llamado “la guerra necesaria”. Lo convirtieron en un mártir.
Muchos cubanos, especialmente del campo, se alistaron para pelear. Ante el avance popular, la Corona nombró como nuevo Capitán General de Cuba al general Valeriano Weyler, que llegó a La Habana en febrero de 1896. Para resolver el problema decretó la reconcentración forzosa de la población rural. Mudaron a la población del campo a ciudades y pueblos fortificados para quitarles suministros y apoyo logístico. Hacinados en campos de concentración, generaron una crisis humanitaria de enormes proporciones. De cuatrocientos mil refugiados, cerca de la mitad murieron por las causas de siempre: hambre y enfermedades infectocontagiosas. El gobierno español relevó a Weyler a finales de 1897 por sus tácticas brutales, pero el daño ya estaba hecho.
Mientras tanto, debido a la destrucción de los cañaverales por los insurgentes, la producción de azúcar que superaba el millón de toneladas anuales en 1894, antes de la guerra, cayó a poco más de doscientos mil en 1897. La gran mayoría era exportada a los Estados Unidos.
La prensa amarillista, de Pulitzer y Hearst, se hizo eco del desastre que ocurría a noventa millas de la costa de la Florida. Incitaban a una intervención militar norteamericana. El presidente William McKinley, en una demostración de fuerza, envió a La Habana al acorazado USS Maine, cargado de cañones, para “proteger” a ciudadanos y propiedades estadounidenses en Cuba.
El 25 de enero de 1898 el Maine arribó a la isla. Tres semanas más tarde, el 15 de febrero, a las 9:40 p.m., mientras el barco permanecía anclado en la bahía de La Habana, explotó y se partió en dos. De los 351 hombres que se encontraban a bordo, más de 250 murieron esa noche.
La prensa norteamericana no esperó para saber las causas de la explosión. Posiblemente fue por fallas internas pero la matriz de opinión ya estaba “envenenada”. Culparon a los españoles. Algunos especuladores atribuyeron el hecho a rebeldes cubanos o incluso a propios americanos para justificar una intervención militar. El 21 de abril de 1898, Estados Unidos inició el bloqueo naval de Cuba. España les declaró la guerra dos días más tarde. El 25 de abril, el Congreso en Washington, le declaró la guerra a España. Las razones: la catástrofe humanitaria, la protección de ciudadanos y propiedades norteamericanas y la seguridad de los Estados Unidos.
Después de una invasión terrestre que hizo famoso a Teddy Roosevelt, y habiendo sido aniquilada su flota en Santiago de Cuba junto con la de la bahía de Manila en el Pacífico, el 12 de agosto de 1898, España se rindió y Cuba quedó bajo la ocupación militar norteamericana. Puerto Rico, Filipinas y Guam fueron cedidos por España a los Estados Unidos.
Tres años más tarde, en 1901 el Congreso de los Estados Unidos aprobó una enmienda propuesta por el senador Orville Platt que exigía a Cuba aceptar el derecho de los Estados Unidos a intervenir para preservar la independencia cubana y mantener un gobierno capaz de proteger la vida, la propiedad y la libertad individual. Además, dio origen al arrendamiento permanente de la bahía de Guantánamo, bajo jurisdicción norteamericana hasta el día de hoy. Cuba se convirtió en un protectorado de los Estados Unidos e incorporó la enmienda Platt como un apéndice de su constitución.
Con la intervención militar terminó la guerra y la reconcentración, se recuperó la producción agrícola, mejoraron las condiciones sanitarias y la economía volvió a crecer. En 1902 las tropas norteamericanas se retiraron y nació la República de Cuba que, entre períodos democráticos y gobiernos autoritarios, tuvo una democracia constitucional hasta que Fulgencio Batista dio su golpe de estado en 1952. Por cierto, la enmienda Platt fue derogada por Franklin D. Roosevelt en 1934.
Batista fue derrocado siete años más tarde por una revolución que rápidamente convirtió a Cuba en un Estado “marxista-leninista”.
Año 2026, a 90 millas de la costa de la Florida…
Creo que llegados a este punto se hace obvia la intención de este relato. No soy historiador, pero mi formación médica me enseñó a mirar hacia atrás, como cuando recabamos los datos de una historia clínica para hacer un diagnóstico presente. Cuba vuelve a atravesar una catástrofe humanitaria.
Hoy no hay un Weyler que reconcentre en poblaciones fortificadas a una parte de la población. Los apagones paralizan la isla y los servicios públicos apenas funcionan. Escasean los alimentos y las medicinas. Prevalecen el hambre y la oscuridad. No hay libertades políticas. Hay un gran desplazamiento humano, en este caso una emigración masiva, mayoritariamente hacia los Estados Unidos.
España ya no gobierna Cuba, ni Estados Unidos es el mismo país que desembarcó en Santiago, y aunque las causas sean distintas, las imágenes resultan inquietantemente similares. Y los intereses parecidos.
Y ronda la misma pregunta, ¿qué harán los Estados Unidos?
Ciertamente hay un tablero geopolítico mundial en donde cada movimiento tiene sus consecuencias. Pero ¿cuántas de las razones esgrimidas por McKinley están vigentes? Los ciudadanos y propiedades estadounidenses son escasos hoy, pero Cuba, por su cercanía geográfica, es muy importante para la seguridad de los Estados Unidos.
Entonces, ¿la crisis humanitaria es suficiente para justificar una invasión militar? ¿La receta de McKinley es la única?
Recientemente el canal CBS informó que existe una planificación con opciones militares concretas relacionadas con Cuba, sin que eso signifique que haya una decisión de intervenir. El 26 de septiembre el presidente Trump dijo públicamente que cree que habrá un acuerdo entre Cuba y Estados Unidos y que piensa que no será necesario el uso de las fuerzas armadas.
Pero en el ambiente se siente que “algo tiene que pasar”. ¿Será que el fantasma de 1898 anda por ahí?
Alberto Salinas
Escritor y cirujano en libre retiro
Miami, 1 de octubre 2026
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